Desapariciones, una tragedia
Ojalá que con el anuncio de que una delegación EZLN visitará a la Ciudad de México en diciembre, el Gobierno Federal emprendiera alguna acción eficaz que ayude a localizar a las personas desaparecidas en México, que desde hace años se volvió una herida que sangra a diario a lo largo y ancho de la patria.
Ante la indolencia de las autoridades frente a la magnitud del problema, en las familias de personas desaparecidas anida el dolor y la sed de justicia que no llega como se espera porque no aparecen sus seres queridos.
Nadie debería de ser ajeno a esta tragedia nacional que demanda una atención que el gobierno no le está dando como amerita, pues pareciera que sólo se ofrecen paliativos para un problema que necesita cirugía mayor.
De acuerdo con cifras oficiales, en México hay 132 mil 534 personas desaparecidas. De 46 mil 742 los datos son insuficientes para su localización y 43 mil 128 no presentan registro de actividad o trámites realizados posterior a su reporte de desaparición. Un total de 130 mil 728 casos corresponden al período que abarca de 2006 a la fecha y dos mil 356 de 1952 a 2025.
Son demasiadas personas como para que el gobierno no haga algo más a través de una estrategia más eficaz que involucre a las autoridades de los tres niveles y a la sociedad en general.
El grito desesperado de justicia de madres y padres buscadores a quienes les ha destrozado la vida con la ausencia de algún familiar, sube cada día más tumultuoso hasta el cielo y en lugar de apagarse aumenta porque las desapariciones no se detienen.
Ante la urgencia es necesario pasar de la desesperación a la acción. La visita que hará la delegación zapatista le dará mayor impulso a la lucha. Será un faro de luz en la oscuridad por la que transitan las personas buscadoras pues ayudará a visibilizar más el problema y será un acicate para el Estado mexicano.
Se espera que el recorrido que se está organizando represente una etapa esperanzadora y aunque no es cosa fácil, no estaría mal que se planteara formar una especie de Frente Nacional de madres y padres buscadores para hacerle frente al problema de manera más organizada, si es que cabe esa expresión.
Es difícil creer que el gobierno que cuenta con todos los medios tecnológicos y de inteligencia no sea capaz de localizar a las personas desaparecidas, o cuando menos que los resultados fueran más efectivos.
El principal responsable de la tragedia es el Estado mexicano que la ha permitido o no ha sido capaz de proteger a las personas que ahora están desaparecidas, dejando una estela de dolor y desolación que galopante recorre el país.
¿Cómo es posible que desaparezcan miles de personas sin que se sepa quiénes y a dónde se las llevan? La mayoría son jóvenes. No se descarta que haya reclutamientos por el crimen organizado que opera en muchas partes del país, sin que el gobierno lo impida; en ocasiones existe incluso colusión con funcionarios de los tres niveles.
No faltan personas mal pensadas que creen que a veces los gobiernos permiten este tipo de cosas para mantener entretenida, distraída o atemorizada a la sociedad; es decir, de un sexenio a otro se pasan administrando el problema, aunque suene cruel.
La problemática no es nueva ni privativa de un gobierno de un color. Ahí está, por ejemplo, lo que sucedió el 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco, en la Ciudad de México (mañana se cumplirán 58 años), donde hubo decenas de desaparecidos, además de cientos de muertos y heridos.
Lo más grave es que a esta crisis no se le ve fin porque faltan acciones oficiales contundentes, no sólo para encontrar a las personas desaparecidas, sino para impedir que sigan ocurriendo.
Ojalá, pues, que de los encuentros que se realizarán en diciembre en la capital del país, salgan acuerdos importantes para delinear una estrategia que dé esperanzas a miles de familias buscadoras que han perdido su tranquilidad.
Picotazos.
Con el nombramiento de Cruz Pérez Cuéllar como eventual candidato de Morena a gobernador de Chihuahua fue barrido el grupo del senador Adán Augusto López Hernández, quien antes de ser salpicado por el caso de Hernán Bermúdez Requena, presunto líder de “La Barredora”, daba por hecho que su compañera de bancada Andrea Chávez sería la abanderada. Si la dirigencia dejó al último ese nombramiento es porque el jaloneo estuvo muy fuerte entre los dos grupos, pero dejar a la legisladora hubiera sido un grave error del partido guinda porque sería atacada con argumentos. Adán Augusto, se confirmó, ha ido perdiendo poder, al mismo tiempo que el grupo Tabasco palidece políticamente. Nada es eterno. El reto ahora de Pérez Cuéllar Cruz, alcalde con licencia de Ciudad Juárez y expanista, es arrebatarle el poder al blanquiazul que gobierna mediante Maru Campos. ¿Será Cruz la cruz del PAN en Chihuahua? En junio se sabrá. Por lo pronto, Chávez ha dicho que se disciplina. Ya se verá. El más ganón en el juego de las designaciones fue el negocio familiar llamado PVEM. Por cierto, la oposición ya aprendió de Morena. Ya se habían tardado. Para no rezagarse más está nombrando candidatos bajo la figura de “defensores”. El fin de semana pasado, por ejemplo, el PRI designó con esa figura a la gubernatura en Zacatecas al exsenador y empresario radiofónico, Adolfo Bonilla Gómez, quien será su abanderado. Falta ver si concreta la alianza con el PAN. En lugar de criticar que el partido oficial hace campañas anticipadas, la oposición debe de hacer lo mismo, pero nunca nombra antes a sus candidatos que el partido guinda… No parece que haya algo verdaderamente relevante en los resultados de las investigaciones del Gobierno Federal sobre el caso Ayotzinapa, del cual se cumplieron 12 años el sábado pasado. El fondo del asunto, el paradero de los 43 normalistas, sigue siendo una incógnita. Todos los hechos en los que esté involucrado el Ejército Mexicano están destinados a quedarse sin ser aclarados totalmente, y menos ahora con todo el poder que desde el sexenio pasado tienen. Fin.








