Del 5 al 9 de octubre, México celebrará la segunda edición de México por el Clima: Semana de Acción por el Clima y la Naturaleza 2026, una plataforma que busca conectar la conversación climática internacional con los territorios, instituciones, empresas y comunidades que enfrentan sus efectos todos los días.
La programación comenzó este 5 de octubre con Chapultepec, el pulmón de la Ciudad de México, y el 6 de octubre tuvo lugar la apertura oficial con la presencia de Alicia Bárcena y Clara Brugada.
A lo largo de la semana, las actividades se extenderán por distintos puntos de la zona metropolitana, desde el Papalote Museo del Niño hasta el Parque Ecológico de Xochimilco y las Utopías.
Que una agenda de esta naturaleza ocurra en México importa también por una razón menos visible: durante años, buena parte de la conversación climática ha estado concentrada en grandes conferencias internacionales y espacios especializados a los que no siempre resulta sencillo acercarse.
Las semanas climáticas de Nueva York o Londres se han convertido en puntos de referencia globales; contar con una plataforma de estas características en nuestro país permite acercar esas discusiones a otros públicos y conectarlas con los retos concretos de nuestras ciudades y comunidades.
La edición de este año incorpora, además, una idea fundamental: no es posible hablar de estabilidad climática sin hablar de naturaleza y biodiversidad.
Por primera vez, la plataforma integra ambas agendas alrededor de tres ejes -Despertar Planetario, Innovación Catalítica y Ecosistemas Resilientes- y suma a la Ciudad de México y al Estado de México como aliados estratégicos.
La presencia de Singapur como país invitado de honor abre también un espacio para conocer experiencias sobre soluciones urbanas y financiamiento verde.
A ello se suma la participación de la Unión Europea y de la Coordinación de las Naciones Unidas en México, que permite tender puentes entre las acciones locales y las conversaciones internacionales que marcarán los próximos meses.
Pero la acción climática no depende únicamente de gobiernos y organismos internacionales. Uno de los componentes centrales de esta plataforma es la participación del sector privado.
En su primera edición, el encuentro reunió a más de 4 mil asistentes y mostró que las empresas pueden desempeñar un papel que vaya más allá del patrocinio: participar en la construcción y financiamiento de soluciones para mitigación, adaptación y atención de las pérdidas y daños que ya enfrentan numerosas comunidades.
Hay otro elemento que vale la pena observar. En 2025, México por el Clima activó 12 Grupos de Trabajo y reportó que el 40 % de sus sesiones derivaron en colaboraciones o acuerdos.
Al mismo tiempo, la organización midió la propia huella ambiental del encuentro: 13.86 toneladas de COe, principalmente asociadas al transporte de participantes -9.57 toneladas- y a la gestión de residuos en rellenos sanitarios -3.52 toneladas-.
Hacer pública esa información es relevante precisamente porque permite evaluar estos encuentros con los mismos criterios que promueven. Medir su impacto permite identificar dónde pueden hacerse mejor las cosas y construir una referencia para futuras ediciones.
El siguiente desafío será que este tipo de espacios no permanezcan concentrados en unos cuantos días del año ni exclusivamente en la Ciudad de México.
La posibilidad de consolidar un ecosistema más descentralizado, con actividades y conversaciones en distintos territorios, permitiría que la agenda climática refleje con mayor precisión la diversidad de problemas y soluciones que existen en el país.
En noviembre, la atención internacional volverá a concentrarse en la COP31 (la 31ª Conferencia de las Partes sobre el Cambio Climático de la ONU) en Antalya, Turquía.
Sin embargo, buena parte de la política climática se construye mucho antes de llegar a una mesa de negociación internacional: en las ciudades, en las empresas, en las universidades, en las comunidades y en los espacios donde diferentes sectores comienzan a encontrarse.
Por eso también importa difundir que plataformas como México por el Clima existen. Democratizar la conversación climática empieza por hacerla accesible, sacar sus debates de los círculos especializados y permitir que más personas sepan dónde ocurren estas discusiones.
México por el Clima es actualmente el único evento en el país afiliado oficialmente a Climate Week de Nueva York. A veces, el primer paso no consiste en decirle a la sociedad qué tiene que hacer, sino simplemente en abrir la puerta, compartir la información y permitir que cada persona descubra por sí misma dónde puede participar.








