De doña Chayito y Aremi Fuentes Chiapaneco prepara el camino a Marte
Se llamó Rosario Iglesias Rocha, pero la conocimos como Doña Chayito. Mujer sui generis, encantadora. Falleció en 2009 a los 98 años. Si aparte de sus nueve musas Zeus hubiera tenido otra hija, esa sería Doña Chayito, musa que inspiró a jóvenes y niños dándole gloria a México en donde el paternalismo, la obesidad y el alcoholismo son jinetes del Apocalipsis.
Un par de meses antes de su fallecimiento, a doña Chayito el periodista Carlos Loret de Mola le hizo una entrevista cargada de frescura y vivacidad. Allí emergió la plática de la Selección Mexicana de fútbol y ella, esa mujer triunfadora a lo largo de su vida habló sin trapiches de viento ni reconcomio: “Si yo voy a una competencia fuera de México y no gano, mejor me quedo allá; ya no regreso por la vergüenza. Van a ganar cuando dejen el corazón en la cancha”.
Nunca leí una nota quejándose por la falta de apoyos gubernamentales. O de patrocinios. Su nieto, Conrado Peralta, era su entrenador. Representó a México en 31 países y conquistó 104 medallas en justas nacionales e internacionales. Se sostenía vendiendo periódicos en la colonia Nápoles, de la ciudad de México. Lo hizo hasta su partida física a causa de un ataque letal al corazón. Aún la recordamos con cariño. Y le lloramos.
Aremi
Por lo que han divulgado portales de Facebook, la de Aremi Fuentes Zavala es una historia conmovedora. Una epopeya en tierras extrañas. Y como aquí estamos tan necesitados de amor y somos dados a crear ídolos fugaces, le han dado el sobrenombre de heroína. Logró medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Tokio. Sin duda en su pueblo natal, Tonalá, ya le han ofrecido una buena mariscada como muestra de gratitud.
El debate se centró en una presunta ausencia de financiación cuando otros gobernaron Chiapas. Yo no sé si eso es cierto, pero es su dicho. El suyo sería, entonces, un asunto que se repite y repite como cronograma infausto en varias disciplinas deportivas.
Tiempo atrás la corrupción en este país alcanzó al deporte con las consecuencias aciagas que ya conocemos: EL FRACASO. Y francamente es inextricable acabar, como por arte de magia, con males tan antiquísimos. (El primer acto de corrupción lo cometió el malvado Judas al aceptar las 30 monedas para entregar a Jesús a los inicuos miembros del Sanedrín).
Argüende
En Tuxtla somos muy dados al argüende que, punto y aparte, se remonta a la era de Cristo, según algunos investigadores. Aquí todavía magnificamos a la carretilla de San Pascualito que hala un hombre encapotado, de tétrico sombrero negro, con el rostro cubierto, que exhala fuego por la boca y va azotando con enorme látigo a dos diabólicos caballos que también echan lumbre por el hocico. Creemos en la tichanila, la tisigua o la mala mujer. En el cadejo. Es nuestra idiosincrasia.
No hablamos, sin embargo, de casos exitosos de chiapanecos en el extranjero. O de Claudia Albertina Ruiz Sántiz, una chef indígena de 33 años originaria de San Juan Chamula egresada de la Unicach que recientemente entró al listado de los 50 mejores chefs del mundo.
Pocos saben quién es Josué Bossuet, el chef que le cocinó al presidente George Bush. O del cineasta Enrique Olvera Gutiérrez, que ha tenido sobresalientes participaciones en la República Checa en eventos de cortometraje y documental. Jesús López Hernández, de Yajalón, vive en Suiza y es, nada menos, que el restaurador de la catedral de Saint Pierre, imponente templo gótico enclavado en el corazón de Ginebra. Y así…
Ingeniero chiapaneco en la NASA
Luis Enrique Velasco Velázquez es un ingeniero mecánico que nació en Tuxtla Gutiérrez. De niños, muchos soñamos con ser bomberos de grande. O médicos, o policías de los buenos como Mancuso FBI. Él no. Al caminar en las ruinas de Palenque en compañía de sus padres, brotó su curiosidad por el Cosmos y fantaseó trabajar en la NASA algún día. Lo logró a partir de 2004.
El ingeniero Velasco lidera actualmente un proyecto de la NASA llamado Perseverance que en febrero de 2021 aterrizó en el planeta Marte. Trabaja desde 2013 en arduas investigaciones científicas preparando el camino para la llegada del hombre a Marte. Lo que con gran talento realiza el ingeniero Velasco no es ficción como en la película de Arnold Schwarzenegger El Vengador del Futuro (1990). En 2040, según los cálculos, estaríamos pisando y empezando a colonizar el planeta rojo. Y gracias a él.
Usted ha leído aquí tres temas asimétricos que, a la vez, parecen baladíes. No, no lo son. Nuestra formación antropológica es extraña, disímbola, obscura. El tuxtleco es complicado. Somos cavernícolas del Facebook y festinamos si se trata de publicaciones morbosas sin detenernos a verificar su autenticidad. Pero omitimos, no compartimos, o menos damos “me gusta” ni difundimos apólogos que llevan enseñanzas de vida.
Nos produce placer lo grotesco. Es la dopamina que causa gozo y diversión insana. Pero qué le vamos a hacer…








