Maruchan: podemos dormir en paz

Somos rehenes del Facebook

Todos en algún momento de nuestra vida la hemos probado. De camarón o pollo. Combinada. Con agua caliente en cinco minutos está lista para digerirse. Famosa entre la burocracia, aunque, eso sí, muy democrática porque es la forma más practica de meterle algo al estómago si hace hambre. Uno puede ir a cualquier Oxxo y ahí mismo el muchacho la prepara en un microondas. Pero en realidad es de las llamadas “comida chatarra”.

México es un país surrealista. Somos entes peculiares. Mire, el fin de semana pasado, hubo compras de pánico en algunas ciudades ante la posible desaparición de las sopas instantáneas Maruchan y Nissin. Los memes inundaron el Facebook que es el invento más absurdo, arcano y espantoso en la era moderna.

La zozobra sobrevino luego de que el procurador federal del consumidor, Ricardo Sheffield Padilla, dio a conocer un estudio realizado por la dependencia en 33 sopas instantáneas. Puede consultar la guía en la revista del consumidor del mes de octubre.

Se evaluó información de la etiqueta, sellos de advertencia, contenido nutrimental (proteína, grasa, carbohidratos, calorías y sodio). Pero Maruchan y Nissin no salen del mercado. Eso sí, Sheffield advirtió que ambas contienen muy poco, bajísimo valor nutrimental. Y, en cuanto al pollo, es más grande una uña del dedo meñique que el contenido que pueda traer.

De acuerdo con la información de la Profeco, además de no ser ecológico, el envasado de unicel de las sopas Maruchan y Nissin puede llegar a ser dañino para la salud, ya que al calentar los productos en microondas “liberan dioxinas que se combinan con los alimentos”.

El alboroto se propagó desde el Facebook porque, usted sabe, Facebook es un arma de dos filos en donde se crean historias no sólo fantásticas, sino también nocivas para la moral, la salud mental, el estado de ánimo y las buenas costumbres. En segundos la reputación de alguien puede ser despedazada porque se trata de una interacción de masas sin control.

Final feliz…

Estudios científicos revelan que la desnutrición cabalga en el mundo como un jinete del Apocalipsis. No sólo es por cuestiones de penuria: también porque nosotros no sabemos alimentarnos. La clave está en la calidad de los alimentos, principalmente en los de origen animal. Leche y derivados lácteos, huevos, carne o pescado, son fundamentales para la buena nutrición.

Pobreza, urbanización, cambio climático y decisiones alimentarias mal informadas están resultando en dietas perjudiciales: 1 de cada 3 niños menores de 5 años padece desnutrición, y 2 de cada 3 menores de 2 años están mal alimentados en México.

Por lo demás, podemos dormir tranquilos porque Maruchan y Nissin seguirán en los estantes del supermercado, el Oxxo y los Extra. Final feliz.

Rehenes

El hombre pisó la luna. Alexander Fleming concibió la penicilina. Llegó un estudiante barbilampiño llamado Mark Zuckerberg quien, como un zorro, creó el Facebook para hacernos sus esclavos. La red social domina al mundo. Y él se convirtió en multimillonario a los 23 años.

Tengo 53 años. Llámeme viejo, carcamal o anticuado. Como guste. Pero el Facebook también acabó con el romanticismo porque antes los sentimientos eran prioridad. Fue un movimiento cultural que sacudió naciones y rompió asimetrías en la comunicación entre individuos. Qué bonito era lo prístino.

El lunes 4 fue un día de histeria colectiva porque, por más de 300 minutos, Facebook sufrió una caída estrepitosa cuyas causas, hasta ahora, permanecen en la tenebrosidad. Quizá se debió a una saturación del sistema o por probables actualizaciones en la aplicación. Con esta, es la décima vez que sucede. De febrero a octubre.

Yo me di cuenta cuando desayunaba y checaba en mi tableta de la manzanita el portal del Cuarto Poder. Quise compartir algo al Facebook y ya no pude. Después, un taxi del sitio Safari pasó a mi casa para llevarme a una cita con el cardiólogo. El conductor estaba visiblemente preocupado. “¿Y las clases en línea?”, me dijo. “No tiene nada que ver. Cayó Facebook, nada más”, le respondí.

Millones en el mundo padecieron neurastenia y ansiedad. Un tuxtleco, en promedio, pasa de cuatro a siete horas metido en ese sitio. Varios periodistas, como yo, lo usamos para la divulgación de noticias y contenidos formativos. Pero hay de todo.

Un domingo de febrero del año pasado, una chica de 15 años usó Facebook para transmitir “en vivo” su suicidio. Fue en la colonia Jardines del Pedregal, al norte de la ciudad. Otra, no en Tuxtla, provocó un accidente de tráfico mortal. Igual usan Facebook pedófilos y gente mala. Jovencitas que conocieron hombres en Facebook fueron a citas románticas y terminaron asesinadas. Es la era en la que coexistimos. Otros le llaman cambio generacional.