Femme fatale: goteras asesinas

El consejo de mi abuela

Es la madrugada del 8 de julio de 2017. Seis jóvenes ingresan a la habitación 49 del hotel Troya, en Tuxtla Gutiérrez. Llegan en un sólo vehículo. Venían de una noche de diversión en un bar ubicado en la 16 poniente norte.

Las femme fatale (mujer fatal) llegaron al bar. Los chicos ya estaban ahí. Se inició el flirt. Ellos cayeron hechizados por sus encantos. Se conocieron. Tomaron unos tragos, rieron. Bailaron.

Después de una buena velada, al calor del alcohol decidieron seguir la fiesta en otro lugar. Pagaron la cuenta. Se subieron al automóvil y se pusieron en marcha rumbo a aquel centro de placer, lujuria y aquelarre.

(El hotel Troya es el único en Tuxtla que tiene el sillón llamado el potro del amor. Dicen, no me consta, que en él se pueden practicar maravillas sexuales con las que se toca el paraíso, como lo hicieron los griegos).

Una vez en el cuarto siguieron bebiendo y tuvieron sexo entre pasiones desatadas, bárbaras. Uno de los chicos relató que bebió algunas cervezas y se acostó con una de las tres mujeres.

Pero minutos después se mareó y perdió el conocimiento. Al despertar notó que tenía una herida en la cabeza. Otro yacía en la cama. “Supuse que dormía”, dijo. El tercer hombre ya no estaba y tampoco ninguna de las acompañantes. También les habían robado sus pertenencias.

Desesperado, Javier n salió corriendo de la habitación 49 para pedir ayuda. Un mucamo del hotel que encontró en el paso lo socorrió. “¿Está todo bien, señor?”, le preguntó. No supo qué contestar.

El joven trabajador tomó el teléfono de la oficina y marcó el número de emergencias. Breve lapso más tarde, los agentes policiacos y ministeriales informaron a Javier que su amigo no dormía: había muerto. Javier entró en una grave crisis emocional.

Pesquisas

Las autoridades policiales iniciaron pesquisas. Fueron investigados los dos hombres que iban con el extinto aquel fatídico sábado 8 de julio, meseros, encargados del bar y empleados del auto hotel.

La necropsia de Ley concluyó que Ricardo murió de infarto masivo al miocardio. Su cuerpo no presentaba ninguna lesión física ni heridas por arma de fuego. Peritos de criminalística de campo, completamente certificados, reportaron que no hallaron indicios de que hubieran utilizado algún tipo de arma.

Con ese dato revelador, se construyó la hipótesis de que el infarto fue provocado por el uso de sustancias en la bebida.

En el deshago de las investigaciones, la Fiscalía obtuvo videos del circuito de vigilancia del bar, donde se observa a las seis personas compartiendo y el momento en que se retiran. Igualmente tuvo acceso a videos del hotel Troya.

Las goteras

Ya con los elementos suficientes en la mano, el Juez de Control giró orden de aprehensión en contra de Estefanía “N”, quien fue detenida el 26 de julio de ese mismo 2017 por elementos de la fiscalía general.

Estefanía, que usaba el mote de Cinthia, es originaria de Tamaulipas y se dedicaba a la prostitución. Llegó a Tuxtla de vacaciones y aquí se quedó. Al igual que sus dos compañeras. Fue recluida en el penal El Amate por los delitos de homicidio y robo.

Era, ni más ni menos, cabecilla de una organización criminal cuyo modus operandi consistía en el uso del Ciclopentatolato, que es un compuesto oftálmico que dilata la pupila y causa parálisis a corto plazo. La sustancia en exceso y combinada con alcohol es fatal. Por eso se les conoció como las goteras asesinas. Iban a los antros para conquistar a sus víctimas. Siguen presas.

Sodoma y Gomorra

Cuenta la Biblia en el Antiguo Testamento que Sodoma y Gomorra fueron dos ciudades en donde la perversión sexual no tuvo límites. Vicio, enajenación, placeres inmundos y depravación se ejercieron desenfrenadamente hasta hacer enojar a Dios.

Un día, furioso, Dios lanzó una lluvia de fuego y azufre sobre Sodoma y Gomorra para desaparecer cualquier criatura viviente y así acabó con el pecado.

Hubo un tiempo nefasto en que Tuxtla estuvo inundado de cantinas, antros, burdeles, o como usted le quiera llamar. La 16 poniente, en la llamada zona dorada, se convirtió prácticamente la cantina más grande de Chiapas porque, asimismo, fue negocio redondo de autoridades corruptas del pasado.

Reflexiones

Nos movemos por impulsos y emociones, a veces incontrolables. Otra gran verdad es que la muerte, lépera y traicionera, se esconde en cualquier esquina. Nos llega en momentos inesperados.

Cuando toca, aunque te quites, cuando no, aunque te pongas. Pero a nadie le cae mal un poquito de prevención y recelo. Socializar con extraños puede ser la otra cara de la maldad, de la tragedia, como en la historia aquí narrada.

Decía mi abuela Sirfinia: No confíes ni en tu sombra.