Tuxtla, shulada
Cine Vistarama
Enoc: ejemplo
Quienes nacimos en Tuxtla iniciando exactamente los setenta, hemos visto el crecimiento de esta ciudad que es musa para nosotros.
Tuxtla es como si la hubiéramos sustraído de Cien años de soledad, del prolífico García Márquez, cuya imaginación inagotable lo sitúa entre los más grandes de la literatura universal.
Bordeada por el cerro Mactumactzá y Cañón del Sumidero, Tuxtla está convertida en una chula capital por donde circulan 375 mil vehículos al día, con infraestructura que proporciona óptimos niveles de bienestar.
Claro, igual que en cualquier megalópolis, a veces nos topamos con sujetos irascibles incapaces de controlar sus emociones. Pero, en general, aquí vivimos contentos. Yo no me veo en otro lado. Nunca…
Hay quienes añoramos aquel precioso y gigantesco Cine Vistarama porque ahí, sentados en sus butacas de color azul, comimos la mejor torta de cochinita pibil de todos los tiempos viendo Fiebre del sábado por la noche, de John Travolta.
Yo recuerdo que antes de llegar al Cine Vistarama, los domingos pasaba a revistas Velázquez a comprar mi Excélsior (me gustaba mucho leer sus editoriales), uno que otro libro y la revista Hombre que traía temas culturales y parafernalia.
Por esta revista conocí Egipto, usé una loción llamada Franela Gris y supe el gusto de Bill Clinton por el saxofón.
San Remo
Fuimos a las tardeadas que se hacían en San Remo, la catedral del baile, cerca de aquella vieja fuente construida en 1966.
En 2005, de madrugada, excavadoras y buldóceres hicieron pedazos esa fuente y con ello la identidad de Tuxtla. Fue otra víctima silenciosa de la estulticia.
Ahí, en San Remo, movimos el esqueleto al ritmo de Donna Summer tomando coca-cola. Y conocimos a La araña, el legendario gerente de andar cadencioso, diminuto…los empleados le temían.
Sin embargo, entendemos que el desarrollo es un proceso inevitable desde la revolución industrial. Además, somos seres racionales, necesitamos de otros.
El gran desafío de un gobierno es satisfacer las exigencias físicas y espirituales de los tuxtlecos. La felicidad familiar debe ser objetivo primario de un buen gobierno.
Depredación
Tuxtla sufrió una ignominia con la obra “Que viva el centro” cerrando un gobierno depredador del erario. Yassir Vázquez Hernández, el alcalde de entonces, nunca pisó la cárcel.
Sólo a una autoridad con trastorno psicomotor se le pudo ocurrir achicar calles y avenidas citadinas.
Tuxtla parecía una ciudad bombardeada, caminamos en medio de lodazales y zanjas enormes retando a la muerte.
Se hizo porque esa “obra” fue cañería de una gigantesca corrupción. Más de mil millones de pesos desaparecieron y dejaron un rostro dantesco de Tuxtla.
Inédito
El pasado representa un patrimonio cultural porque nada podríamos entender sin él. Dijo Sócrates: “Sólo hay un bien: el conocimiento. Sólo hay un mal: la ignorancia”.
Politólogo, político y filósofo que dimensiona la conexión entre el hombre y su universo, Carlos Morales Vázquez sacó, semanas atrás, un presupuesto que impulsa el bienestar integral.
El alcalde supo negociar una cifra histórica para 2024 de $3 mil 205 millones 507 mil 877.00. En 2018, Tuxtla administraba $1 mil 849 millones 798 mil 212.00, es decir, en 5 años se elevó en más de 1 mil 300 millones de pesos.
¿Cómo se logró esto? Me lo dijo ayer que le llamé por teléfono: “Es gracias a la disciplina, planificación del gasto y evitando nuevas deudas. Hoy, en el ayuntamiento tenemos finanzas saludables”.
Carlos agradeció a miembros del Cabildo, de manera muy especial a los tuxtlecos por la confianza que han tenido en esta administración municipal.
Usando recursos naturales, tecnológicos y presupuestales de manera racional, el gobierno municipal ha hecho de Tuxtla una ciudad armónica.
Don Carlos trabaja para favorecer el desarrollo del ser humano y crear una ciudad estructurada, capaz de equilibrar sus distintas necesidades.
Enoc Hernández
Es cercanísimo al virtual gobernador de Chiapas Eduardo Ramírez Aguilar. Por discreción, él no lo comenta.
Aún en días turbulentos y a pesar del acoso político, nunca negó su lealtad a los amigos porque la amistad es un pacto de confianza, respeto y afectos. Siempre echado para adelante.
Lalo Ramírez tiene un evento proselitista. Miles lo vitorean. Da su discurso en el templete.
De pronto ve a Enoc Hernández Cruz sentado ahí, como un militante más, cargado de entusiasmo. Lalo baja del templete y sube a Enoch. Esos miles aplauden el gesto.
El video se viraliza el Facebook y Twitter. A mí me conmovió la sinergología del candidato.
Este 16 de diciembre, la Universidad Cristiana de Chiapas otorga el doctorado Honoris Causa a Enoc Hernández Cruz.
El niño que vendió melcochas y usó limón en lugar de gel para acomodarse el pelo debido a la pobreza, que caminó diariamente ocho kilómetros para ir a una escuela pública, es hoy un ejemplo de esfuerzo, humildad y perseverancia.








