Carlos Rafael “N”
Doña Lupe y Juan Vargas
El pobre de Filemón
La Ley Olimpia, a prueba
1.- “Ya, Filemón, confiesa que fuiste tú, me cae que te voy a ayudar, tengo amigos en la cárcel y te voy a ayudar”, le promete Juan Vargas a un Filemón flacucho, enjutado, las manos atadas por un mecate, tembloroso, aterrorizado, andrajoso y una veisalgia que cae sobre él como un hachazo.
Vargas maneja un Ford color oscuro y Filemón va en el asiento trasero. Filemón, reiteradas veces afirma “no, patrón, no, patroncito, se lo juro que yo no fui”. Pero dicha deprecación resulta inútil. Su destino está sellado, en las manos de ese pequeño tirano.
Corren los tiempos del presidente Miguel Alemán Valdés (1946-1952) cuando el PRI es una máquina destructora, una especie de tornado político. México es dominado por corrupción, miseria y mafias que controlan el poder y asesinan. Hay un Capo di tutti capi y ese es el presidente.
Juan Vargas (Damián Alcázar), el infame alcalde de San Pedro de los Saguaros, un pueblo desértico y paupérrimo en lo más apartado de Michoacán, ha matado a tiros a doña Lupe, la madrota local, canalla y despreciable igual que el mismo Vargas. “Déjate de chingaderas, Vargas, ¿cuánto quieres para dejarme trabajar en paz?”, le dice doña Lupe en las primeras conversaciones. Se enjuaga la boca con aguardiente.
Obligado por las circunstancias y enloquecido de autoritarismo, Vargas tiene que hallar a un culpable y Filemón es la cabeza de turco perfecta, nadie va a protestar por él, nadie lo echará de menos, es un borracho humilde que duerme sobre el piso de tierra en la iglesia del poblado. El cura, para variar, retrata a otro personaje abyecto en esta película gótica llamada La ley de Herodes.
Camino a la capital, en una brecha rústica, abandonada e intensa vegetación seca, Vargas le dice a Filemón que le han dado ganas de orinar. Y le pregunta si a él también. Bajan del Ford, un tanto desvencijado. Filemón camina unos pasos y Vargas va justo detrás suyo. Entonces Vargas saca un revólver y le da un tiro en la cabeza, certero. Filemón se desploma muerto. Vargas empuja el cadáver hacia una barranca. El expediente de doña Lupe se cierra.
Si bien hablamos de una comedia satírica y humor negro, cuyo lema es “o te chingas o te jodes”, muchos años vetada, el filme exhibe crudamente la realidad de un México con altísimos niveles de impunidad y amiguismo que llegó al clímax con el movimiento zapatista, en 1994.
El de Filemón no es un caso aislado. El prianismo usó chivos expiatorios en el marco de una narrativa abominable para aplicar justicia. ¿Mario Aburto en verdad asesinó al licenciado Colosio?
Carlos Rafael “N”
2.- Chiapas pasa, ahora, una etapa donde la legalidad no queda en el discurso tras una larga historia de atropellos a los derechos humanos y a las libertades constitucionales. Estuvimos secuestrados por el crimen organizado, así que, iniciando su mandato, el gobernador Ramírez también inició una profilaxis en las corporaciones policiales para devolverles la confianza ciudadana.
Meto las manos al fuego por el fiscal Llaven y sus policías. Meto las manos al fuego por el capitán Aparicio y sus cuerpos de élite porque soy testigo del esfuerzo valiente y eficaz en favor de nuestras familias.
La semana pasada, un asunto estrictamente penal las benditas redes sociales lo hicieron mediático convirtiéndolo en un circo y poniendo en entredicho el quehacer del doctor Llaven y, en general, de la justicia. Cuánta insolencia para sembrar sospechas y arrancar ambivalencia emocional en un público ávido de morbosidad.
El hecho de que Carlos Rafael “N”, 30 años, sea médico, no lo vuelve infalible e impoluto, sólo lo Divino es perfecto. Antes que médico es un ser humano con defectos y virtudes, pero de eso a ser un chivo expiatorio me parece una barrabasada, un absurdo asqueroso.
Es deleznable
3.- En la colonia Miravalle, de Tuxtla Gutiérrez, Carlos Rafael fue capturado durante patrullajes preventivos. La familia ha hecho una serie de protestas alegando la integridad moral del joven. ¿Y qué propósito oscuro podría tener la fiscalía para incriminarlo? Su detención fue, insisto, en un patrullaje rutinario.
Ya en el penal El Amate, la situación de Carlos se complica porque en Facebook se ha posteado un video de una joven que lo acusa por los delitos contra la privacidad sexual y extorsión, siendo una prueba de fuego para la Ley Olimpia, en marcha aquí a partir de 2019.
Los chivos expiatorios se enterraron junto a aquella dictadura perfecta que el país soportó 70 años y pico. Toca a las partes demostrar jurídica, técnica y científicamente la culpabilidad o inocencia de Carlos, más allá de toda duda razonable.
Sin embargo, hablar de abuso de autoridad o “chivos expiatorios” es deleznable porque se pretende ensuciar la ética de un fiscal profundo conocedor de antropología, ciencias forenses y criminalística. Me parece una majadería…








