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Hoy Escriben - Húbert Ochoa

Sólo para enterados

El caso de Marlyn

La mente de un asesino

Besos que matan…

“Nos vemos en La Pochota”

1.- Marlyn lleva una blusa color azul marino, pantalón de mezclilla celeste, tenis blancos talla 25 y bolsa crema. Va en el asiento trasero sobre la motocicleta que conduce Carlos Paulino, quien todos los días la trasladaba a Tuxtla en donde ella era asistente doméstica. Formaban una relación sentimental.

A las 8:15 de la mañana del 22 de junio (2026), el arco de seguridad los detectó entrando en La Pochota, al poniente de Tuxtla Gutiérrez, un lugar de relevancia histórica porque, recordemos, esa ceiba se sembró ahí en 1528, 60 metros de diámetro y ramas imponentes. Fue, larguísimo tiempo, un encuentro obligado para tuxtlecos y turistas. “Nos vemos en La Pochota”, decíamos. Para el CNTE, significaba el centro nervioso en su absurda lucha contra el gobierno. Los taponeos se volvieron rutinarios en una época de salvaje impunidad.

Nadie sospechó porque era costumbre que Paulino fuera por ella a la colonia Vistahermosa, de Ocozocoautla y la condujera a la capital. Ahí, en Vistahermosa, Marlyn tenía su casa. Ese día no sería ordinario, pues un desenlace trágico se cernía sobre Marlyn, 45 años y madre de dos hijos.

El destino, ya lo hemos platicado otras veces aquí en Cuarto Poder, según la ciencia, es ese punto de quiebre en la vida humana, una fuerza sobrenatural hacia el final. Marlyn tuvo una vela en el viento que se apagó mucho antes de hacer leyenda.

 Psicópata

2.- Los psicópatas tienen un perfil frío y calculador, no sienten empatía por nadie y ahí encaja Paulino quien ya había elaborado un plan macabro: acabar con Marlyn. ¿Pero por qué, si a los ojos de los demás representaban una pareja normal, igual que tantas otras? Se profesaban amor y eso es lo que la policía forense investiga ahora con bisturí. Hablamos de un vínculo oscuro y destructivo, de besos que matan. ¿Marlyn sabía que dormía con un demente, con su asesino? Si lo sabía, ¿por qué calló? Quizá por miedo.

Aquella mañana, Paulino le dijo a Marlyn que darían un paseo antes de llevarla al trabajo. Marlyn aceptó, sabedora de que eso podría traerle problemas con sus empleadores. Paulino se dirigió al cerro Mactumatzá a lo más alto de ese lugar emblemático para los tuxtlecos y jóvenes que practican senderismo.

Paulino ya había estudiado el lugar, un lugar solitario a pesar de que cerca está el fraccionamiento La Ceiba. “Baja, amor”, le habría dicho Paulino. Marlyn bajó y entonces la atacó brutalmente hasta arrancarle la existencia entre el zumbido de los colibríes y traviesas lagartijas que corren de un lado a otro. Paulino abandonó el cadáver, descendió del cerro, volvió a pasar el arco de seguridad en La Pochota y huyó rumbo a Tonalá.

 Capturado

3.- Al no volver a casa, familiares de Marlyn denunciaron su desaparición por la noche y el propio fiscal, Jorge Luis Llaven Abarca, tomó el caso en sus manos. El feminicidio es la expresión más horrenda, la última, de un esquema sistemático machista, degradante, reprobable en una sociedad aún contaminada de prejuicios y tabúes. Marlyn fue hallada el 25 de junio.

Llaven sale a dar la noticia del hallazgo y su rostro y ánimos se ven profundamente quebrantados, pues un feminicidio no es un delito más: Se trata de un crimen estructural que vulnera y rompe el tejido social. El hogar, que debería ser un espacio seguro, se convierte en una zona de peligro mortal.

Y promete su mayor esfuerzo junto a los mejores policías de élite para dar con el responsable. Así, el domingo 28, en un live a través de Facebook, Llaven informa a los chiapanecos la captura de Paulino quien viste una playera amarilla estampada, derruida. No parece estar arrepentido, claro, ya dijimos el perfil de los psicópatas. 

 Pena máxima

4.- La necropsia de ley determinó que la causa de muerte fue asfixia mecánica por sofocación, por lo que la Fiscalía contra Feminicidio inició una investigación especializada con un grupo multidisciplinario de campo y gabinete liderado por el propio Llaven.

Carlos Paulino “N” ya está recluido en el Centro Estatal de Reinserción Social de Sentenciados número 14, El Amate, y se encuentra a disposición del órgano jurisdiccional para que enfrente la justicia. Hubo cateos asegurando la motocicleta presuntamente utilizada el día de los hechos, un objeto punzocortante tipo desarmador, que podría estar relacionado con las lesiones encontradas en el cuerpo de la víctima y prendas de vestir manchadas de líquidos hemáticos y serán analizadas dentro de la investigación.

“Pediremos la pena máxima de 100 años de cárcel y seguiremos combatiendo la violencia feminicida con mano firme. No habrá impunidad en ningún feminicidio ocurrido en Chiapas”, ha dicho un fiscal con un lenguaje asertivo, convincente e indiscutible fuerza moral.