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Hoy Escriben - Húbert Ochoa

Sólo para enterados

Los Álvarez Puga

Historia nebulosa

De las tortas al Jet-Set

Tía Goyita y Don Roberto

1.- ¿Pueden dos hermanos volverse multimillonarios con un negocio macuarro de tortas y aguas frescas que tenían en una terminal de autobuses? Para los pequeños emprendedores la respuesta es simple: no, porque estos van al día, son gente honesta. Aquellos, en cambio, se subieron al jet-set y hasta acudieron a las fiestas de Amancio Ortega, el magnate español dueño de Zara. Aquí aplica la frase popular mexicana ¿De dónde mulas, Pedro? 

Desde hace casi tres décadas, tía Goyita vende tamales. Ya ronda los setenta años pero, todas las madrugadas instala una potente mesita, cuatro sillas de plástico, coloca la tamalera y también esos recipientes, medianos, de acero inoxidable para mantener caliente su café y arroz con leche. Usa vasitos de unicel.

Sus principales clientes son taxistas nocturnos, en la gasolinera Caballero, lado oriente de Tuxtla, antes de llegar a la rotonda donde Diana Cazadora posa sin pudor. Entre sorbos de café o arroz con leche, degustando los tamales de bola, los taxistas arman la grilla, se relajan, estiran músculos, trepan de nuevo al volante y a darle. Tía Goyita es una Baby Boomers, esa generación chingona que no sufre achaque alguno en su salud. 

Es mi bolero. A sus 68 años, don Roberto camina de su casa, en la colonia Bienestar Social, al parque central. Llega a las siete de la mañana y, lo primero que hace, es comprar Cuarto Poder en el puesto de Eligio Valencia. Eligio se volvió un personaje tuxtleco. Su improvisado estanquillo fue un punto de encuentro para los periodistas en los ochenta y noventa.

Don Roberto monta su sillón que guarda en el viejo edificio del Real Cinema y, eso sí, con amabilidad le pide a su extensa clientela que no maltraten mucho el periódico. Claro, él va a leerlo al final de la jornada, pasadas las dos de la tarde. Regresa a casa igual como llegó a su centro laboral. Pasa por el pan.

Un bolero es nuestro terapeuta: hablamos y él escucha atento. Tal oficio urbano está repleto de cultura y tradición. Detrás de cada zapato lustrado hay historias, esfuerzo, dedicación, perseverancia, son símbolos de una ciudad. Eso representa para mí el señorón Roberto, a quien tengo el gusto de conocer muchos lustros atrás. Hemos envejecido…   

Doña Goyita y don Roberto viven en la justa medianía, una filosofía que si bien proviene de Aristóteles, Santo Tomás de Aquino la ejerció con estricto rigor. Son personas con sólidos valores morales y destacadas virtudes. Ambos no terminaron su instrucción primaria, pero poseen más ética que un político priista.

Álvarez Puga

2.- Hablar de los Álvarez Puga es adentrarse en laberintos de corrupción y complicidades. Son juniors enrolados en el cosmos de la oscuridad que produce lo turbio, pues lo mismo controlaban antros que fomentaron vínculos al más alto nivel: Enrique Peña Nieto, el expreso 8476 Pablo Salazar Mendiguchía y los hijos del presidente Ernesto Zedillo. 

Construyeron una nebulosa red de delincuencia organizada para hacer lucros escandalosos, iniciando en los negocios del Outsourcing que promueven la evasión fiscal y atracar el ahorro laboral. Fueron los amos del lavado de dinero.

Su poder económico llegó al pico más alto precisamente en el mandato gubernamental del Torquemada Salazar, porque allí empezaron a atar los lazos que los convertirían en multimillonarios. Crearon con Salazar un matrimonio político, de confabulaciones. Luego nadie los paró…

El emporio

3.- Del negocito en la terminal camionera se convirtieron en dueños de un emporio: 44 oficinas en siete estados mexicanos, Estados Unidos y Panamá. Incluso, los apellidos Álvarez Puga resonaron en los centros financieros por su deseo de comprar la empresa Aeroméxico. Para entonces ya no jugaban fútbol en barrios del inframundo: jugaban al golf. 

Uno de ellos, Víctor Manuel, se casó con la controversial presentadora de televisión Inés Gómez Mont, sobrina del exsecretario de gobernación, Fernando Gómez Mont, en el sexenio del señor bacachá Felipe de Jesús Calderón Hinojosa. 

Eran dueños de aviones, cuatro con matrículas N4500MH, XACGF, XALGC y N450DMH, en los que se desplazaban por el interior del país y realizaban viajes con marcada frecuencia a Estados Unidos. A finales de abril de 2010, la Procuraduría General de la República cateó las sedes de la firma y allí se destapó una enorme olla de podredumbre.

Detención

A Víctor Manuel se le acusa de un blanqueo de capitales (2 mil 950 millones de pesos) a través de empresas factureras. Mario Alejandro, capturado la semana pasada en Cancún, Quintana Roo, es el arquitecto financiero de un desvío de dinero público superior a los 3 mil millones de pesos.

A veces la justicia tarda y, al final llega. Mientras tanto, tía Goyita sigue en su microempresa de tamales y don Robert en dejar brillantes los zapatos de cada uno de sus clientes…