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Hoy Escriben - Húbert Ochoa

Sólo para enterados

Guillermo Santiago

Negro historial

Le urge un psiquiatra…

El Tony Montana

1.- Un grupo de vándalos sitia la explanada universitaria, emblemática porque ahí se encuentra el monumento al libro, hay oficinas administrativas y el ateneo donde se reúnen los chicos a conversar, debatir o estudiar. Aquellos maleantes de cabello hirsuto y ropas desaliñadas se organizan para subir a la Colina y tomar por asalto la rectoría de la UNACH. Llevan palos, piedras y machetes.  

También llamados hooligans callejeros por su alta peligrosidad y cuyos métodos van desde pintar y destruir obras históricas de gran valor cultural para un pueblo hasta quemar vehículos y saquear propiedades, los sujetos llevan listos pasamontañas para cubrirse el rostro, visten sudaderas y portan cachuchas. Su objetivo es que no se les identifique.

En medio está un tipo chaparro, cabello engomado y estudiante de Comunicaciones, Facultad de Humanidades. Es “popular” en la plebe por sus bajas calificaciones y armar camorras estudiantiles como la que están planeando ese día. Es 2015 y las clases apenas han empezado en nuestra gloriosa Alma Máter.

Originario de una comunidad de Teopisca, aunque cuando tenía corta edad sus padres se trasladaron a San Cristóbal, Guillermo Santiago Rodríguez se convirtió en diputado federal por coyunturas del destino. Fue una bisagra entre un antes y después porque, de su vida miserable en la niñez y adolescencia, saltó al poder, a los reflectores y, por supuesto, al dinero. En paradoja, podría ser el Tony Montana de la política. (Caracortada, con Al Pacino). 

A López Obrador se le ocurrió la “brillante” idea de usar el método de insaculación para repartir las diputaciones plurinominales por Morena, es decir, “el método tómbola”, de tal suerte que, si un criminal resultaba afortunado, se iba al Congreso de la Unión. Otro caso célebre es el de Pedro Carrizales, “El Mijis”, quien falleció en un accidente vehicular en la carretera Nuevo Laredo-Piedras Negras. De las pandillas saltó a legislador.

Así que, a los 22 años, Guillermo Rafael ocupó un escaño en la LXIII Legislatura de la Cámara Alta tras ganar el sorteo que se celebró en San Cristóbal. “Ni yo me lo esperaba”, confesó. Luego vinieron los escándalos, las sospechas y complicidades. Al día es un mediocre bufón. 

2.- Los Motonetos

Ahí se discuten las grandes decisiones del país y él, pusilánime en la curul, llegaba a dormir. Nunca una participación y menos propuestas. Sin embargo, al terminar el período de legislador, el presidente Obrador lo designó director del Instituto Mexicano de la Juventud con un presupuesto discrecional que manejó de igual manera: discrecional, sin rendirle cuentas a nadie. 

De los 38 millones de jóvenes que tiene el país, sólo atendió a 224 en todo su paso por el Instituto. Y esos 224 resultaron ser sus cuates de botana. El Injuve tenía un presupuesto anual de 115.3 millones de pesos sólo para becas insustanciales, pero el gran atraco estaba en Jóvenes Construyendo el Futuro. Son toneladas de dinero.

Una y otra vez se le acusó de estar, presuntamente, detrás del grupo criminal Los Motonetos que sembró terror y muerte en San Cristóbal, controló el narcomenudeo, secuestro exprés, pornografía y prostitución. 

¿Por qué esa conjetura? Porque las becas del Injuve las distribuía sólo a la zona norte de San Cristóbal, bastión de Los Motonetos. Había un oscuro propósito: a través del control de Los Motonetos, Guillermo Santiago pretendía ser alcalde de San Cristóbal, una apuesta en realidad temeraria.

“Con Eduardo, ni a la esquina”, decía sin discreción alguna. Sabía que, si Lalo Ramírez llegaba a la gubernatura, su desafío principal era acabar con Los Motonetos y todas las estructuras delictivas y devolver esa paz arrebatada al pueblo durante lustros de impunidad. De Los Motonetos hoy sólo quedan sus infaustos recuerdos.

¿La locura?

3.- Por segunda vez diputado federal, a Guillermo Santiago Rodríguez de pronto le surgió una nueva ambición: la alcaldía tuxtleca. Muchos internautas piden que, sin dilación, visite a un psiquiatra porque lo suyo ya no es popularidad y raya en las fronteras de lo que, precisamente en psiquiatría, se llama tríada oscura de personalidad.

El sujeto ha caído, peligrosamente, en el narcisismo, el maquiavelismo y la psicopatía. Definen los expertos: “La persona sufre amor propio excesivo y necesidad constante de atención o admiración; sensación de ser superior a los demás y merecer trato especial; fantasías de poder, éxito o belleza ilimitados”. Algo parecido a Calígula o Narciso.

Se toma selfies comiendo elotes en el parque Morelos con la boca embarrada de mayonesa; sale trepado en un camión de volteo;  sale, pala en mano, echando tierra a algún bache. Y retomó aquella frivolidad de la primera vez que llegó al Congreso de la Unión: “Voy a donar la mitad de mi sueldo a los pobres”. 

Sí, a Guillermo le urge un psiquiatra…