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Hoy Escriben - Húbert Ochoa

Sólo para enterados

ERA, el temple

Creyente de Dios

El efecto látigo

“¡Vamos a morir!”

1.- Ubicado entre preciosas montañas que significan un espacio hierofánico, Pantepec está en la zona norte de Chiapas habitado por pobladores zoques. Llueve y hay neblina casi todo el año. El templo de Nuestra Señora de la Asunción, construido a piedra y lomo por los propios nativos, nos dice que lo sacro existe.  

Para ellos, Nuestra Señora de la Asunción no sólo es una figura femenina de la fertilidad, bendice sus tierras y les da amplias cosechas: también significa un símbolo de resistencia frente a la conquista española del siglo XVII, poseen una fuerza que viene de su psique indomable.

La mañana del 28 de agosto, Eduardo Ramírez abordó un helicóptero de Protección Civil para trasladarse a Pantepec y cumplir una extenuante agenda gubernamental. Mire, en 2026, se invertirán casi 3 mil millones de pesos en infraestructura, salud, educación y productividad de las comunidades rurales e indígenas del estado, jamás hecho por otro sexenio.

Para el gobernador, “la prosperidad se construye desde abajo, con sus pueblos y su historia”. Es la filosofía Lekil Kuxlejal que conjuga el buen vivir, principios éticos, espirituales, políticos y la pedagogía de las conciencias.

Sin embargo, un inesperado cruce de aves y el fino chirimiri que cae ese día, como siempre en Pantepec, zarandea la aeronave, da algunos tumbos y, quizá a segundos de caer abruptamente al suelo, los pilotos logran estabilizar haciendo un aterrizaje emergente en una pradera húmeda, llena de coquetas hierbas. Los expertos lo llaman “efecto látigo”.

 El temple

2.- En un sentido retórico, quiero pensar que voy arriba del helicóptero. Hubiera sufrido un ataque de pánico, se me habría helado la sangre de las venas para no usar una expresión peyorativa, imagínesela. Sólo la grandiosa Chavela Vargas fue capaz de no temerle a la muerte y, desafiándola, le hablaba de tú a tú. “Aquí estoy, señora, cuando usted quiera”, le decía con una copa de vino en la mano, envuelta en su colorido jorongo mexicano.

Conociendo el temple del gobernador Lalo Ramírez, un profundo creyente en Dios, fe extraordinaria, convicciones arraigadas y valentía (In Deo confido: “En Dios confío”), estoy seguro que él mantuvo la serenidad y esa buena vibra llegó a sus colaboradores que le acompañaban en el helicóptero. 

El gobernador cumplió sus compromisos con absoluta naturalidad y horas después, al postear tal incidente en su Facebook, hizo una profunda reflexión que calma hasta a las almas más salvajes y ateas. Dijo: 

“Nuestro paso por la vida es fugaz, avanza de manera vertiginosa y no nos damos cuenta de que el día a día se nos va segundo a segundo; se consume el mayor bien inmaterial que es el tiempo que pasamos en esta vida. Sean felices, abracen la vida con humor y mucho amor al prójimo”.

La vida es frágil

3.- Mauricio Chávez Moreno, un internauta escribió en el muro del gobernador: “No alcanzo a imaginar la sensación que vivieron los que iban en ese helicóptero, gobernador. Lo que sí puedo decirle es que momentos así nos obligan a reflexionar sobre la fragilidad de la vida humana y la huella que vamos dejando a nuestro paso

Hoy tuve la oportunidad de recorrer una carretera de Chiapas que durante seis años fue sinónimo de miedo, incertidumbre y, tristemente, de desapariciones. Vi algo distinto: productores transitando con tranquilidad, llevando a la ciudad tomate, durazno y otros productos de nuestra tierra y, al llegar a la ciudad, andadores nuevamente concurridos y con buena iluminación. Escenas cotidianas que durante mucho tiempo dejaron de serlo.

Gracias a la experiencia y pericia del piloto, a la fortuna y, por supuesto, al Creador, hoy podemos hablar de lo sucedido desde la reflexión y no desde la tragedia. Al final, lo verdaderamente importante es la huella que dejamos en nuestra tierra y en nuestra gente”. Yo le agregaría: “Memento mori”.

 Anécdota

4.- Recuerdo bien: es domingo. Trabajaba para la Dirección de Comunicación Social. Mis años mozos. Cubría la fuente política. Junto a tres compañeritos nos llevaron al aeropuerto de Terán, donde ya esperaba el gobernador. El zapatismo hacía ebullición y el gobernador, de once meses, había reemplazado a otro gobernador interino.

De baja estatura, poético, ocurrente, chistoso, ese gobernador era buena onda. Hasta atrás, una hielera repleta de chelas coronitas, chiquitas, de las que dan en los velorios. Tomamos algunas. El gobernador iba a un evento del Día del Árbol, en Comitán.

Una tormenta de viento nos agarró en pleno vuelo y el avioncito parecía despedazarse. El gobernador se hincó, nos obligó a hincarnos y rezar. Gritaba frenético:” ¡Vamos a morir, vamos a morir!”. En ambas anécdotas, la del gobernador Lalo Ramírez y esta que le platico, ambas aleccionadoras, hay dos virtudes humanas: La virtud del valor y el efecto de la cobardía…