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Hoy Escriben - Húbert Ochoa

Sólo para enterados

El caso de Wendy

La omisión mortal

Desafío a la policía

Don Manuelito: su crimen

1.- Aunque la psicología forense señala que quien asesina a una persona u otras con saña inaudita actúa motivada por factores neurobiológicos y traumas graves de la infancia, el filtro de la realidad los llama sencillamente monstruos y así están catalogados en el imaginario colectivo.

Es 2012 en Tuxtla Gutiérrez. En una colonia proletaria, un sujeto desquiciado prepara el asesinato de Wendy Lizeet Ochoa Méndez, quien era su pareja sentimental. Wendy llegó de su natal Pijijiapan, en la Costa chiapaneca, tenía 18 años y se inscribió en el Sistema Educativo Universitario Azteca para continuar sus estudios de bachillerato. Rentó un pequeño cuarto.

A los pocos días conoció a Jimmy Virgilio y le pareció buen tipo, ignorando que detrás de esa faceta amable se escondía un celópata, violento y con antecedentes penales por haber agredido brutalmente a su ex novia meses atrás. ¿Por qué no lo capturaron?

Omisión mortal

2.- Virgilio tuvo todo el tiempo necesario para planear y ejecutar el macabro asesinato. Tres días antes compró guantes, gasolina, temibles cuchillos y una cámara para filmar lo que iba a cometer. Ego, narcisismo, infamia y control eran los rasgos patológicos de Virgilio, a quien la prensa local llamó “El carnicero de Tuxtla”.

Una chica de ojos apiñonados, cuerpo esbelto, bello rostro y cabello oscuro, Wendy Lizzet se apagó el sábado 28 de abril, 2012, cuando Virgilio, maestro de informática en una escuela particular, golpeó, colocó en una mesa, la amarró y con los pavorosos cuchillos, previamente bien afilados, la asesinó y descuartizó e, incluso, cometió canibalismo al comerse el corazón de Wendy. 

Metió las partes en bolsas negras y, de madrugada, arrojó la cabeza en un puente del mirador “Los Amorosos” y otras cerca de la fiscalía de justicia, zona oriente. No estaba desafiando a la policía, se estaba burlando de la policía. Asesinos como Virgilio buscan atención, quieren mostrar su superioridad intelectual ante la policía y disfrutan el placer sádico de ver el impacto social perturbador.

Meses atrás (octubre, 2011), Wendy acudió a la Fiscalía Especializada en la Protección de los Derechos de las Mujeres a suplicar auxilio narrando, bañada en lágrimas, las atrocidades que Jimmy Virgilio infligía hacia ella. La sumergía en un tambo de agua y otra vez la roció de gasolina pero el cerillo que le lanzó no prendió, pues estaba mojado. Cuatro años de tortura, tiempo que duró el concubinato.

La fiscal del Ministerio Público, Irma Alicia Bautista Márquez, integró la Averiguación Previa 832/UEDSYVF1/211 por violencia familiar e incumplimiento de los deberes alimentarios “porque no tenía tiempo para investigar los demás”. Una omisión mortal. ¿Dormirá tranquila Irma Alicia teniendo la conciencia tan sucia? 

El 15 de mayo (2012), Virgilio fue capturado en el restaurante Zúñiga, ubicado en calle central y 13 norte. Departía con amigos, tomaba cervezas, reía a carcajadas, ponía música en la rockola. Celebraba el Día del Maestro. El 14 de febrero de 2019, Virgilio fue liberado por un juez corrupto a pesar de haber confesado el crimen de Wendy y todas las agravantes que lo hundían. Lo reaprehendieron por la presión colectiva. La leyenda urbana cuenta que se casó con su abogada dentro del penal.

3.- Don Manuelito (I)

Don Manuelito llegó a la colonia Patria Nueva hace 40 años, fue uno de los fundadores y puso la primera carnicería. Era un local informal: colocaba mesas y armaba una pequeña carpa para proteger el producto y él protegerse del sol y las lluvias. Tras largas horas trabajando honradamente, por fin logró instalar un punto de venta bien establecido.

Querido y respetado por toda la gente, don Manuel Yáñez Muñoz, 69 años, fue reportado desaparecido el 3 de septiembre de este año. Las cámaras lo ubican entrando a una vivienda suya en Paso Limón, perímetro de Patria Nueva. Esa vivienda se la rentaba a Emmanuel “N”, un médico veracruzano que trabajaba en el Centro de Salud de Patria Nueva, a unos metros de la carnicería de don Manuelito. Vi las fotos y, en realidad, ese sujeto tiene aspecto gangsteril.

Don Manuelito ya no salió, quien salió fue el médico, un taxi ya lo esperaba. Sacó varias maletas y una hielera que colocó en la cajuela y en el taxi llegó a Nueva Reforma, colonia igual de popular y alegre que las otras. Ahí Emmanuel dejó el kit diabólico. La causa de muerte fue traumatismo craneoencefálico al recibir un golpe letal con objeto contuso en la cabeza. Luego el monstruo lo descuartizó.

Patria Nueva llora la partida de don Manuelito, de aspecto bonachón. Flores y veladoras arden afuera de su carnicería. Qué ironía que un médico estudie para salvar vidas, arrebate una de ellas de esa forma. Ni Freud pudo explicar por qué nacen este tipo de individuos con un ello tan satánico.