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Hoy Escriben - Rafael Loret de Mola

Veneno Puro

*Traspiés evitables

*Gritos y reacciones

El presidente no es TODO el gobierno, ni siquiera el único responsable del Ejecutivo Federal cuyas facultades están señaladas en el Capítulo III de la Carta Magna y cernido a éstas sin derivaciones ni declinaciones de ningún género; a diferencia de los ciudadanos, que cuentan con libertad para actuar salvo en aquello que les está señalado en la ley, el primer mandatario y en general cualquier funcionario deben atenerse solo a cumplir aquello que está específicamente concedido en el documento toral de nuestra vida republicana.

En este sentido, claro, el presidente no puede “brincarse” sus límites para replicar las críticas bajo el sustento de ejercer su propia libertad de expresión pues no tiene base constitucional para ello como consecuencia de su elevada función dirigida a los mexicanos, sin excepción ni estigmatizaciones; como mexicano sí cuenta con esta posibilidad sólo si deja la jerarquía que ostenta y se suma a la soberanía popular, superior a cualquiera de los poderes de la Unión. Sé que esta controversia molestará profundamente a los incondicionales del icono de la izquierda, pero jurídicamente es irrefutable y aunque a Andrés Manuel se le resbale.

De la misma manera, el presidente López Obrador, casi cinco años después de ser proclamado como tal con el rito de la protesta y la colocación de la banda tricolor –ya con los colores republicanos y no modificados por la derecha insolente con inclusión del priismo-, al ser notificado sobre la validación del fraude electoral en Puebla, en los comicios para gobernador en junio de 2018, porque en los demás arrasó Morena y no el PAN en decadencia, se limitó a decir que acataba la decisión aunque la consideraba “equivocada y antidemocrática”. Esto no es aceptable, bajo ningún razonamiento, porque atentar contra la democracia y equivocarse bajo influencia de terceros, en este caso el extinto senador Rafael Moreno Valle cuya consorte heredaría el cargo de gobernador como cajita de resonancias, es sencillamente actuar contra los sustentos básicos de la República y, más aún, de la llamada TTTT.

Ya ven ustedes cómo terminaron las cosas: con cuatro ataúdes y una parodia para imponer al morenista –furioso antilópezobradorista cuando se mantuvo en el PRD-, Miguel Barbosa Huerta, un sujeto truculento que también acabó muerto antes de terminar su periodo.

En el caso anterior debe actuarse con rigor, por iniciativa presidencial o la de algún legislador, para modificarse el marco jurídico, llamar a cuenta a los magistrados contaminados, estructurar y aprobar a un nuevo modelo de control y finiquitar la condición de “inatacables” para las actuaciones del mismo. Tal sería el procedimiento, a menos de que debajo de la mesa haya acuerdos inconfesables.

Por último, me indispone que quien declaró “inimaginable” el grado de corrupción registrado en Tamaulipas, opté por solicitar a los opositores que lo defienden para sumarse al cambio y sin iniciar jamás el procedimiento para la declaración de desaparición de poderes de la entidad cumpliendo así la perspectiva analizada ya sobre la asfixiante inmoralidad de las fuentes del poder estatal. Consecuencias: llegó otro narcogobernador, Américo Villarreal, ahora tutelado por el partido del presidente quien dice de él que es un “hombre bueno”. Esto es los narcos son buenos y los periodistas terríficos.

Hay muchos otros asuntos –Guerrero, Guanajuato, Oaxaca, Veracruz, Nayarit, Sonora, Sinaloa, Michoacán-, de los que habremos de hablar... aunque me tilden de cuanto se les ocurra –por cierto, no soy masón y si lo fuera no habría razón para ocultarlo- o incluso de estar supeditado a otras fuentes. Cuando las riendas del poder están en manos del legítimo presidente, sus aduladores son los oficialistas y chayoteros, según el argot, y no cuantos hacemos labor de contrapeso.

Por las alcobas

Me confunde y se los digo que, en contra del apoyo cada vez menor al presidente, las multitudes que se reunían antes de la pandemia en estadios y en plazas de toros, silbaran a rabiar cuando solo algunos vitorearan, de manera aislada, a Andrés Manuel López Obrador. Pero así ocurrió hasta marzo del primer año de la pandemia; ahora, sin tanto apremio, nos dicen que viene la sexta ola... que esperemos no sea otro huracán tan feroz como Otis.

No lo entiendo a no ser que la masa heterogénea responda con abucheos al cansancio político y proselitista en pleno festín de vendettas. Es un hecho, sin embargo, que el fenómeno AMLO parece decrecer por su exceso de protagonismo y/o por las contradicciones inexplicables en varios asuntos que él PRIorizó solicitando el aval público sobre decisiones ya tomadas de antemano. Nada de baños de pueblo y hasta dudamos que se aseé debidamente.

No olvide que el pueblo mexicano es tan voluble como sus incendiarios mensajes de tres campañas. Insisto que es necesario el cambio a fondo del sistema, centro neurálgico de una TTTT que ya se ahogó. ¡Ya no se puede esperar ni soportar más! ¡Va mi pluma en prenda, parafraseando al primer presidente de México, Guadalupe Victoria!

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