¿Sería víable re-iniciar clases presenciales el próximo año tomando las medidas de protección necesarias, como son el uso de cubrebocas, caretas, gel anti-bacterial, saludo de etiqueta, etcétera, como ya lo han hecho en otros países como Francia, E.U. o Colombia? No. Explico el por qué.

Debido a que lo que ocurre en los traslados es casi imposible de controlar, de manera especial con aquellos que suceden entre distintas entidades y en las grandes ciudades. Para el primer caso se trata de traslados lo suficientemente extensos en tiempo que pueden propiciar más fácilmente los contagios al tratarse de transportes públicos insuficientemente ventilados y, para el segundo tipo, que a pesar de ser trayectos en el mejor de los casos cortos son sin embargo, la mayor de las veces, realizados bajo condiciones de intenso hacinamiento lo que hace imposible mantener la sana distancia.

Y estos serían precisamente los escenarios que tendrían que ser reproducidos si los jóvenes tienen que volver a sus universidades, facilitando esparcir los contagios por todo el país si su escuela se encuentra digamos en la CDMX mientras que sus hogares se situán en otra entidad del país. Por lo tanto, el regreso a clases está altamente relacionado con mayores brotes y diseminación del virus, dinámica que ha sido ya comprobada para el caso de los E.U. (ver los datos trabajados por el The College Crisis Initiative).

Habría que considerar además las complicaciones de vigilancia y aislamiento, pues regresar presencialmente a clases en campus como los de la UNAM que cuenta con una población de más de 360 mil estudiantes, conllevaría en estricto no solo el acatar el uso obligado y permanente de cubrebocas y la toma repetida de temperatura, sino además, instrumentar un riguroso programa de levantamiento de pruebas para poder rastrear casos asintamáticos y presintomáticos. Y así prevenir nuevos brotes, al ser detectados oportunamente y sobretodo al aislarlos exitosamente. Pues hay estudios en los que se ha comprobado que bastan tan solo 15 minutos de interacción a menos de 2 metros de distancia para ser contagiado por una persona infectada que no ha presentado síntomas a 2 días o menos de ser diagnosticada (ver el Morbidity and Mortality Weekly Report de septiembre de 2020).

Consecuentemente habría que reconocer lo peligroso que en sí mismo implicaría un retorno a clases presenciales antes de tener avanzado el proceso de inmunización de forma segura, pues “… la evidencia sugiere que hay una alta proporción de casos asintomáticos entre los grupos de población joven, haciendo que entre la población universitaria este tipos de casos y los brotes que generen sean difíciles de detectar…” (ver el reporte del Scientific Advisory Group for Emergencies del 03 de septiembre de 2020).

Finalmente queda como lección a instrumentar, si queremos contribuir, al proceso de inmunización y la detección de las cadenas de contagio para su potencial interrupción, el ampliar la toma de pruebas para detectar los casos asintomáticos, en especial los de jóvenes, que actúan como potenciales vehículos súper-contagiadores y avanzar en el rastreo de los mismos a través del uso de apps con GPS como lo comenzó hacer el gobierno de la CDMX esta semana a través de la instrumentación del Sistema obligatorio de identificación de contagios en espacios cerrados.