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Un día antes del 10 de diciembre, Cristina Fernández de Kirchner abandonó la Casa Rosada, sede del Ejecutivo en Argentina, desde donde ella y su esposo, Néstor Kirchner, gobernaron al país, después de más de 12 años en el poder y con una influencia en sólo 30 por ciento del electorado.

Mauricio Macri, quien desempeñó durante ocho años el cargo de alcalde de Buenos Aires, prestó juramento ante la Asamblea Legislativa, en reunión de las dos Cámaras del Congreso, sin la presencia de su antecesora.

De la administración que recién ha terminado, son alrededor de 175 acciones positivas las que se destacan en sitios de Internet con el título “Logros del Gobierno”, entre las principales, desendeudar en 50 mil millones de dolares; acumular reservas por 51 mil millones de dolares; construir obra por el 3.5 por ciento del Producto Interno Bruto sin contraer deuda. Derivado de esto, sus seguidores alaban lo que consideran una excelente administración de recursos.

Otros que critican negativamente, reconocen la promulgación de una ley que beneficia a unos dos mil gremios para que negocien con sus empleadores la equiparación los sueldos con la inflación, y la estatización de Aerolíneas Argentinas, Correo y  ferrocarriles.

Además, la nacionalización de la petrolera YPF, una de las mayores empresas argentinas, bandera del mercado de hidrocarburos, ligada a la española Repsol. La noticia, adelantada en El Clarín, cimbró en España que entonces advirtió de consecuencias.

También, en primerísimo término, el haber reabierto los juicios por crímenes de la dictadura.

“Disposición final”, del escritor Ceferino Reato, es un libro que publica revelaciones del ex dictador argentino, Jorge Rafael Videla, quien acepta por primera vez después de 36 años, que en el último régimen militar –1976-1983– fueron asesinadas y desaparecidas entre siete mil y ocho mil personas en Argentina.

Mucho es lo que ha tenido que sufrir la Argentina con sus gobernantes. Después de Videla, una Junta Militar a la cabeza de la cual se hallaba Leopoldo Galtieri, ocupó por una horas las Islas Malvinas, lo que atrajo una inmediata respuesta armada del Reino Unido.

Sólo en el hundimiento de buque “General Belgrano” –con la ayuda técnica en ubicación de Estados Unidos– murieron cientos de jóvenes y los militares perdieron la guerra siendo echados por los ingleses que sin ningún derecho allí han permanecido hasta ahora.

Hijos de padres asesinados, Madres de la Plaza de Mayo, una corrupción galopante en el Gobierno que sucedió a los militares, a tal grado que llamaba la atención de los países vecinos quienes criticaron y luego se desdijeron, un “Corralito” que congeló los depósitos bancarios a los ciudadanos y una vitual quiebra, son a grandes rasgos algunas de las tragedias nacionales que ha tenido que enfrentar esa gran nación que hace apenas unas décadas apuntaba para ser el primer país de América Latina en dejar atrás el subdesarrollo.

En los últimos doce años, un gobierno un poco caracterizado por su intolerancia a la prensa crítica, ha dirigido los destinos de Argentina con Néstor Kirchner a la cabeza. Después, éste dejó el cargo a su esposa, Cristina Fernández, quien recientemente ha hecho con razón declaraciones reivindicatorias sobre las Malvinas, pero poco apoyo ha logrado en el mundo. Únicamente los miembros del Mercosur han tomado medidas que impiden atracar en puertos de esa comunidad a los barcos con bandera inglesa.

Pero ahora comienza para ese país una nueva etapa, no solo por que se trata de un nuevo gobierno, sino porque representa un poco lo distinto de lo que ha prevalecido en los últimos doce años.