2005

2005

En estos días se cumple el décimo aniverario. En 2005, después del impacto del huracán Stan, adicional a los más de 750 muertos en toda la región centroamericana, algunos de los cuales quedaron semisepultados en las calles azolvadas, laderas y cañadas, la economía se fue a pique.

En México, concretamente en Tapachula, arrasó más de 2 mil 500 viviendas de colonias completas que fueron borradas del mapa citadino por enormes torrentes que arrastraban muebles, cilindros de gas, y todo tipo de material de construcción.

Hizo colapsar la red carretera de la región. Las autoridades estatales y locales de entonces dejaron que campeara el fantasma del hambre entre la población. Intentaron incluso ocultar la realidad sobre las víctimas que eran recogidas con maquinaria pesada durante las labores de desazolve de las calles que habían quedado en pie. La poca información que fluía de las regiones Soconusco y Sierra era escasa, pero eso no impedía tener una idea de la catástrofe que había sucedido en esa zona.

La tragedia que trajo el huracán Stan dejó severas advertencias sobre las consecuencias de la deforestación en la Región Sierra, pero también sobre la falta de prevención e inoperancia de los sistemas de alertamiento de ese entonces, concretamente en el Soconusco.

Pero los efectos del fenómeno no solo golpearon al sureste del país. La Comisión Económica para América Latina hizo estudios sobre el impacto del huracán Stan en El Salvador y Guatemala, con el apoyo de equipos que incluyeron participación de los organismos financieros internacionales y de agencias y fondos de Naciones Unidas, para realizar evaluaciones socioeconómicas y ambientales del desastre.

El que fue denominado desastre regional mesoamericano que afectó con violencia y de forma trágica a ambos países y a México tiene, en su impacto, una expresión local. Por ello la recuperación, sostiene el estudio, ha de verse en al menos tres niveles: Nivel local: en el contexto de vulnerabilidad social, física, económica y ambiental de las comunidades en entornos diversos de su topografía, estructura económica y productiva, etnicidad y multiculturalidad. Nivel nacional: el huracán no sólo tuvo un impacto diferencial, sino que afectó más la dinámica y capacidad de recuperación de los grupos vulnerables. Nivel regional: el huracán tuvo consecuencias en el ámbito regional que trascienden fronteras.

Destaca la necesidad de valorar hacia el futuro la gestión ambiental como elemento estratégico para la reducción del riesgo y la valoración de servicios ambientales como fuente de ingresos alternativos para las poblaciones ubicadas en estos biosistemas frágiles y degradados, donde las actividades productivas corrientes no sólo agotan el patrimonio ambiental sino que estarían al borde de su capacidad de sostenimiento.

Stan fue un evento relativamente extremo que se sumó al fenómeno estacional de lluvias, el cual en esta ocasión agravó los efectos que recurrentemente se presentan en las zonas afectadas. Ayer, un alud desapareció a más de 600 personas en Guatemala.

Los deslizamientos ocurridos en el altiplano y las inundaciones en la costa evidencian la vulnerabilidad acumulada por la gestión inapropiada de cuencas, exposición de laderas por procesos productivos y deforestación, e índices de pobreza y desarrollo humano por debajo del promedio nacional antes del desastre.

Una vez sin nada, más gente de los países de la región emigró hacia Estados Unidos.