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Corrían los años 80. Entonces se remarcaba que en el país, la economía se sustentaba en el petróleo al depender de éste en un 80 por ciento los ingresos del Estado. Eran los años en que se decía también que había que acostumbrarse a la abundancia. De 1976 a 1982.

Se apostaba casi todo a la producción petrolera y ningún otro sector, inclusive el turismo que en el sexenio anterior 1970-1976, había tenido una atención significativa con el desarrollo de nuevos destinos con enorme infraestructura financiada también con recursos petrolizados, se perfilaban para competir con el poderío que representaba el llamado oro negro.

No obstante, frecuentemente, entonces, se reiteraba la necesidad de diversificar esa economía.

Luego de un tránsito considerable, ahora mismo el Gobierno federal señala que a treinta años de distancia, la economía no está significativamente petrolizada, y aunque aún son importantes las aportaciones por este concepto para los ingresos del Estado, se destaca que hoy únicamente uno de cada tres pesos que obtienen los tres niveles de Gobierno se generan en la actividad petrolera.

Son buenos datos en un mundo cada vez más complejo, en el que además tienden a montarse coyunturas que parecieran complicar todavía más el panorama que se tiene por delante.

En este contexto, los datos que ha dado a conocer la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentos, son alentadores. Ayer su titular informó que la exportación de 400 litros de tequila por minuto, la venta de 1.5 millones de toneladas de aguacate y el récord de ventas internacionales de carne de bovino, sandía, melón, mango, nueces y papaya, lograron que los agroalimentos se convirtieran en la principal fuente de ingresos del país, al sumar 26 mil 602 millones de dólares, cifra superior a las remesas, a la venta petrolera y al turismo.

El titular de ese organismo del Gobierno de la República destaca que por primera vez en al menos una década, México logró un superávit en la balanza agropecuaria y pesquera de mil 617 millones de dólares. Valor adicional tiene el hecho que gran parte de esas exportaciones son producto del trabajo de pequeños productores, con menos de cinco hectáreas.

Es indudable que el país enfrenta grandes problemas y retos. También lo es que que el horizonte no se ve como se desearía, sea por una volatilidad en los mercados externos, sea por el proteccionismo temeroso de un Estados Unidos que ahora, a través de sus preferencias partidistas, parece cambiar su discurso liberal y pretender encerrarse en sí mismo, borrar su historia de apertura y transfigurar su rostro.

Pero no todo está mal en el panorama. Datos como el de la Secrearía de Agricultura, que reflejan el enorme esfuerzo de los mexicanos, fortalecen una esperanza bien fundamentada en el valor del trabajo y de la dignidad, frente a la indignidad estridente que se ve hoy más allá de la frontera y frente a las dificultades cotidianas internas.

Es un hecho que el país es más grande que sus problemas, es un hecho que cuando los nubarrones se hayan disipado, la gente trabajadora, la que contribuye con su esferzo al engrandecimiento de esta nación, será todavía más fuerte tras haber vencido todo tipo de vicisitudes.

En el actual Gobierno, en su conducción y en su actuación, también confiamos, pues no ha sido fácil encarar y vencer en cada uno de los formidables retos que han ido quedando atrás. Persisten sin embargo, los problemas. Sí. Eso es existir.