En sesión solemne de Apertura del Primer Periodo de Sesiones 2025, el ministro Juan Luis González Alcántara Carrancá dijo que destruir el legado de más de un siglo es tan fácil que resulta sorprendente que no hubiera ocurrido antes.
“La lealtad y la honestidad no deberían ser valores extraordinarios, son lo mínimo que podemos esperar de una sociedad de mujeres y hombres decentes.
“La congruencia no es heroísmo, sino la expresión mínima de la decencia; solo me queda la esperanza de un futuro en donde esto vuelva a ser verdad, aun si muchos de nosotros ya no estaremos aquí para verlo”, expresó luego que la ministra presidenta del máximo tribunal del país, Norma Lucía Piña Hernández, realizó la declaratoria de apertura.
El ministro compartió una analogía: en el campo de la física está el fenómeno de las llamadas “gotas del príncipe Rupert”, también conocidas como “las lágrimas holandesas”.
Es decir, una estructura formada al soltar una gota de vidrio derretido en agua fría ante lo cual se forma un cuerpo sólido con la apariencia de un renacuajo con una punta gruesa y redonda y una especie de cola larga y delgada.
Indicó que el cambio brusco de temperatura produce, además de esa forma tan peculiar, una característica interesante, el estrés residual de su estructura permite al cuerpo de la gota, por su parte más gruesa, soportar fuerzas descomunales.
Abundó que podemos depositar pesos enormes sobre ellas sin que experimenten siquiera una cuarteadura menor, pero basta ejercer una presión mínima en su punto más delgado para que la gota se desintegre por completo en una explosión de pequeñas partículas cristalinas.
El ministro comentó que la semejanza con el orden constitucional resulta fascinante, forjada al calor de la lucha armada más cruenta que experimentó la nación y enfriar rápidamente en el proceso de institucionalización auspiciado por Venustiano Carranza, los resultados superaron todas las expectativas.
González Alcántara Carrancá subrayó que todo eso fue posible porque existía un consenso sobre las reglas del juego y un compromiso a jugarlo con base en ellas, no faltaría, por supuesto, quien solamente fingiera esta convicción al tiempo que buscaba ingeniosamente una forma de respetar su letra, pero no su espíritu.











