Agua

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Paso Limón y Tuchtlán representan las dos plantas de tratamiento de agua residual más grandes de Chiapas. Ambas envían al río Sabinal mil 120 litros por segundo de agua con la calidad que se requiere para su saneamiento, lo que constituye el 80 por ciento del agua residual que se genera en la capital.

La construcción de las dos plantas en Tuxtla Gutiérrez, con una inversión total de 568 millones de pesos, es sin duda un gran avance el la coservacióin de los recursos y del medio ambiente en general.

Sin embargo, la Comisión de Agua Potable y Saneamiento de la Cámara de Diputados indica que más de mil 200 de las dos mil 29 plantas tratadoras de aguas residuales existentes en el país no funcionan y otro tanto de las restantes lo hace parcialmente debido a los altos costos de energía eléctrica, lo que impacta en los niveles de contaminación del medio ambiente.

Son residuales las aguas que resultan después de haber sido usadas en los domicilios, en las fábricas, en actividades ganaderas, etcétera. Su aspecto es sucio y contaminado. Contienen grasas, detergentes, materia orgánica, residuos de la industria y del ganado, herbicidas y plaguicidas, y en ocasiones sustancias altamente tóxicas.

Estas aguas residuales, antes de volver a la naturaleza, deben ser depuradas. Para ello se conducen a las plantas o estaciones depuradoras, donde se realiza el tratamiento adecuado para devolverlas a la naturaleza en las mejores condiciones posibles.

Hay aún muchas ciudades que vierten sus aguas residuales directamente a los ríos, sin depurarlas. Esta conducta ha provocado que la mayoría de los seres vivos en esos ríos haya desaparecido. Por eso el principal problema es la contaminación ligado a la falta de un adecuado tratamiento y a una incorrecta reutilización

Los usuarios y demás involucrados siguen satisfaciendo sus necesidades sin tomar en cuenta el impacto, por lo que la contaminación de los cuerpos de agua y de los ecosistemas es un gran problema.

La falta de un adecuado tratamiento y reúso de las aguas residuales conducen a la sobreexplotación del recurso, la degradación de los suelos y por lo tanto a un impacto negativo sobre la seguridad alimentaria.

En lo que corresponde al estado, el rezago en el tratamiento de aguas residuales muestra que sólo se alcanza a sanear el 21 por ciento del total del agua en 31 plantas tratadoras.

Por su parte, Estadística Básica sobre Medio Ambiente del Instituto Nacional de Estadística y Gegrafía, informó en abril del 2013 que hasta 2010 se registraron en la entidad 135 puntos de descarga de aguas residuales sin tratamiento; el 79 por ciento de ellos en ríos y arroyos, el 5 por ciento en lagos o lagunas, 8 por ciento suelo o barrancas, 2 por ciento en presas, 1 por ciento hacia el  mar, otro 1 por ciento a canales y el resto sin especificar. La Comisión de la Cámara de Diputados indica que gran número de las plantas de tratamiento están a cargo de los municipios del país, la mayoría de ellos con problemas económicos, por lo que lo primero que recortan son los gastos en electricidad, entre ellos los de las plantas tratadoras de aguas residuales, pues ven esta función como algo secundario en su gestión. Adicionalmente, muchas de esas plantas sólo descontaminan la quinta parte de aguas residuales que captan y por las condiciones en que se encuentran, generan contaminación en el aire.