Las alertas de viaje emitidas por el Departamento de Estado del Gobierno norteamericano, son, sin duda, un gran reto para la industria turística mexicana; habría que subrayar el que si bien por sí mismas son una amenaza para la buena marcha de la actividad, en el fondo lo que reflejan es una realidad y así hay que entenderlo; es decir, son un síntoma de que la inseguridad y la violencia siguen estando presentes en algunos destinos turísticos mexicanos y en tanto está situación no sea completamente atendida, estos sitios seguirán viviendo en una condición de vulnerabilidad que, eventualmente, puede traducirse en una abrupta caída de la demanda.
Conviene recordar que la competitividad de los destinos dependen de una gran cantidad de factores que se traducen en la generación de valor a los visitantes; en consecuencia en tanto las prestaciones y el conjunto de la experiencia sean ofrecidas en condiciones adecuadas se genera valor, pero, del otro lado, si la percepción de precios a cambio de lo que se paga y la generación de incomodidades, inseguridades e incertidumbre comercial son visibles, el valor en su conjunto se demerita con la consecuencia pérdida de competitividad.
Lo anterior a propósito de un relato vivido hace unos días al visitar Cancún —el buque insignia del turismo mexicano— y pensar que como en su momento Uber nos había informado del inicio de operaciones en esta región del país, el funcionamiento de esta modalidad de transporte sería parte de la normalidad. La realidad es bien diferente pues si bien en la relación de ciudades con cobertura de esta firma es posible constatar la disponibilidad de los servicios en Cancún y al abrir la aplicación en un dispositivo móvil en el sitio esté funciona con aparente normalidad, una vez que se solicita el servicio en el aeropuerto inicia una situación disparatada que le pondrá los pelos de punta a un turista internacional que no conozca los detalles de una oscura operación de los servicios del transporte local en muchos de los lugares turísticos del país. Así, el operador del Uber llamó a los turistas para solicitar que se movieran al estacionamiento del aeropuerto; en dicho sitio, identificó el vehículo pero pidió no subir directamente, sino esperar a que él bajara a saludar y aparentáramos algún tipo de relación personal o familiar, saludando visiblemente en público y suplicándonos —literalmente— que si alguna patrulla de la Policía Federal lo detuviera o si fuéramos abordados por taxistas de la terminal aérea, negáramos la contratación del servicio de un Uber.
Al preguntarle sobre las razones para este comportamiento me habló de una gran persecución y de agresiones verbales y físicas en contra de los operarios de esta modalidad, señalando que no hay garantías para actuar de otra manera.
Sin ser fanático de Uber, creo que este es una opción más y que en algunos lugares en los que prevalece incertidumbre —en Quintana Roo, por ejemplo, los taxis no tienen taxímetro, pero tampoco pueden tomar, libremente, pasaje en el aeropuerto— su disponibilidad favorece la experiencia del turista. Del otro lado, pienso que si en verdad el servicio, por alguna razón legal no está permitido, es una gran irresponsabilidad ofrecerlo.
La sensación que me queda es que sigue existiendo una estructura corporativista atrás del transporte local en Quintana Roo —como en otras entidades—, con una extensa red de intereses políticos y económicos que la sustenta. ¿Y el turismo? ¿Y los turistas? La respuesta parece ser, de acuerdo a lo observado y al formidable momento que se vive que pueden seguir aguantando estos y otros desplantes. Así, pareciera ser que el transporte local sigue siendo un débil eslabón en la cadena de valor del turismo mexicano.
El turismo internacional avanza con firmeza. No deja de seguir sorprendiendo que contra viento y marea, con terrorismo y tensiones geopolíticas, con huracanes y otros fenómenos naturales, el turismo mundial siga avanzando y lo haga con un vigor sorprendente. La Organización Mundial del Turismo dio a conocer en días pasados la actualización de su Barómetro en el que entre otros aspectos destaca el reporte de un crecimiento de 6.6% en las llegadas de turistas internacionales en el orbe hasta el mes de agosto, bastante por arriba de la estimación que se tenía al inicio del año de entre un 3% y un 4%. En este contexto destaca el reciente reporte del Banco de México que señala que este tipo de viajeros aumentó en más de un 12% en el país.












