Niñas, niños, adolescentes, jóvenes, espeleobuzos, biólogas, activistas ambientales, organizaciones civiles y ciudadanía en general interpondrán amparos para frenar las obras del Tramo 5 del Tren Maya, que va de Cancún a Tulum, y presentarán las primeras denuncias ante la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), debido a la devastación de la selva y los impactos potenciales en el acuífero, sin haber sometido aún el proyecto, en esta zona, a evaluación de impacto ambiental.
Este domingo se realizó una manifestación en la zona devastada recientemente que corresponde al nuevo trazo del Tramo 5 Norte, de Cancún a Playa del Carmen, a propósito del recorrido aéreo hecho ayer por el presidente López Obrador para atestiguar los avances de los trabajos, carentes de autorización de impacto ambiental y forestal.
En el sitio, además de realizar una suerte de ritual del perdón a la “Madre Tierra”, por el desmonte (deforestación) de árboles y selva baja, la gente colocó grandes piedras para formar la palabra S. O. S., también se colocó una manta con la palabra “Ecocidio”, y las y los niños y adolescentes realizaron diversos dibujos con la esperanza de que López Obrador pudiese ver, entre otras cosas, lo que definirá la consigna del movimiento: Selva-me del Tren, un juego de palabras que implora “Sálvame del Tren”.
Estas personas exigen que los trabajos se detengan hasta que se realicen los estudios (ambientales) necesarios, se cumpla con los trámites legales a los que está obligada la propia autoridad federal y se obtengan las autorizaciones correspondientes.
Tras aclarar que la manifestación realizada fue apolítica, ciudadana y pacífica, el biólogo y espeleólogo Roberto Rojo –explorador de cuevas y cañones– explicó que la selva deforestada, característica de la zona, es una selva baja, con árboles pequeños, pero con mayor densidad de individuos arbóreos.











