Los resultados financieros de Petróleos Mexicanos (Pemex) al cierre del año pasado generaron dudas a auditores externos sobre la viabilidad de negocio de la empresa.
Las mayores preocupaciones de los despachos que examinan la situación de la petrolera giran en torno a las pérdidas netas recurrentes, así como a su capital de trabajo y patrimonio negativos al 31 de diciembre de 2018.
Los despachos contratados por Pemex: BDO Castillo Miranda y Compañía, y KPMG Cárdenas —este último auditor externo para el ejercicio fiscal 2018— manifiestan que el monto de los pasivos de la empresa es considerable, lo cual la expone a restricciones de liquidez.
De acuerdo con los auditores externos, la delicada situación de la petrolera le puede dificultar la obtención de financiamientos favorables, lo que exacerbará los débiles resultados de su operación, la capacidad para pagar su deuda y, finalmente, la posibilidad de operar como negocio en marcha.
El deterioro del perfil crediticio de Pemex ha sido señalado recientemente por las calificadoras.
Fitch le redujo la nota crediticia de BBB+ a BBB- y con perspectiva negativa, y Standard and Poor’s la mantuvo en BBB+, pero ajustó su panorama de estable a negativo.
Al 31 de diciembre de 2018, la empresa reporta una deuda, incluyendo intereses devengados, por dos billones de pesos.











