Ríos desbordados, inundaciones, deslaves, pérdida de vivienda, comercios cerrados, árboles, postes y cables caídos por doquier, sin servicio de energía eléctrica ni teléfonos fijos o celulares, entre otros aspectos, son experiencias que han vivido miles de personas en el mundo a consecuencia de un huracán.
Ante ello es imperativo que la población se autoproteja y que conozca más sobre estos fenómenos meteorológicos.
Autoridades federales con frecuencia difunden información acerca de la preparación y capacitación para el manejo de emergencias derivadas de estos sistemas, de medidas de mitigación, y de “hacer comprender que la autoprotección es la clave para salvar la vida y sus bienes más preciados”.
Ello significa atender los llamados que se hacen y, sobre todo, no exponerse a riesgos como inundaciones, oleaje, viento e inestabilidad de laderas.
El Centro Nacional para la Prevención de Desastres (Cenapred) destaca que un ciclón es un sistema atmosférico cuyo viento circula en dirección ciclónica, esto es, en el sentido contrario a las manecillas del reloj en el hemisferio norte, y de manera contraria en el hemisferio sur.
En latitudes templadas se les hace referencia como depresiones o ciclones extratropicales, y el término ciclón se utiliza sólo para los ciclones tropicales.
A estos últimos, en su etapa más intensa se les denomina de diferente manera según las regiones en donde ocurren: en el océano Atlántico, Golfo de México y Mar Caribe son conocidos como huracanes; mientras que en el Mar de Arabia y la Bahía de Bengala como ciclones.
En tanto, en el mar de China y la costa de Japón se les llama tifones; en el océano Índico, al este de Mauricio y Madagascar, ciclones; en el océano Pacífico del noreste y en el Pacífico Sur, al este de Australia y Samoa, huracanes, y en Filipinas, baguios.
Estos sistemas de tormenta requieren, al menos, dos componentes básicos: calor y humedad, por ello sólo se desarrollan en los trópicos, entre las latitudes cinco y 30 grados norte y sur, en las regiones y temporadas en que la temperatura del mar es superior a 26 grados centígrados.
Muchos de ellos son considerados como desastres naturales, capaces de causar graves daños a poblaciones costeras y ocasionar pérdidas humanas; sin embargo, proporcionan precipitaciones para gran parte de las tierras que cruzan.
La temporada de huracanes abarca del 15 de mayo al 30 de noviembre en el océano Pacífico y del 1 de junio al 30 de noviembre en el Atlántico, aunque esto no quiere decir que no se presenten fuera de temporada, incluso en meses como abril o enero.
Fases
El Cenapred menciona que la perturbación tropical es la etapa que los antecede y luego tienen diversas fases de acuerdo con la velocidad de sus vientos máximos sostenidos en superficie.
La primera es la depresión tropical, con vientos máximos sostenidos menores a 63 kilómetros por hora (km/h); luego se convierte en tormenta tropical, con vientos de entre 63 y 118 km/h, y por último en huracán, donde son mayores a 118 km/h.
Además, se emplea la escala Saffir-Simpson como una estimación del daño potencial por viento y marea de un huracán próximo, la cual abarca cinco categorías.
En la uno los vientos alcanzan entre 119 y 153 km/h y provocan afectaciones a casas, árboles, señalizaciones e inundaciones en carreteras.
En tanto, en la categoría dos, donde se presentan vientos entre 154 y 177 km/h, hay deterioro en las construcciones y las zonas costeras se pueden inundar de dos a cuatro horas antes de la llegada del centro del huracán.
Con vientos de entre 178 y 209 km/h, los huracanes alcanzan el nivel tres en la escala y provocan que el oleaje destruya estructuras pequeñas y perjudique las grandes.
Daños estructurales más extensos a construcciones, zonas costeras inundadas de tres a cinco horas antes de que llegue el centro del ciclón y una evacuación de hasta 10 kilómetros tierra adentro, son algunas de las situaciones provocadas en la categoría cuatro, con vientos de 210 a 249 km/h.
Por último, la cinco representa la categoría máxima, con vientos de más de 249 km/h, afectación total a techos de construcciones que estén hasta 500 metros de la costa, fallas en los suministros de energía, árboles arrancados, daños severos a viviendas.
Además, las zonas costeras pueden ser inundadas de tres a cinco horas antes de la llegada del centro del huracán y se requiere una evacuación mayor de áreas residenciales hasta 16 kilómetros tierra adentro.
La importancia y el peligro de los ciclones tropicales difiere entre tierra firme y superficie marina. Sobre los océanos las actividades humanas en riesgo son instalaciones petroleras, barcos y tráfico aéreo; en tierra se ven amenazadas las vidas y actividades humanas en ciudades, pueblos, industrias, carreteras y cultivos.












