Basura que se transforma en energía y fertilizantes que se crean con desperdicios. Pablo Sánchez Reyes y Montserrat González Espinoza encontraron en los residuos orgánicos la posibilidad de producir gas natural a bajo costo y sin dañar el medio ambiente.
Hace tres meses, Sánchez, ingeniero industrial por la Universidad Iberoamericana y socio fundador de Sustenta. Estrategia ambiental, cursó el diplomado Biodigestores: Fuente de energía renovable, en el Instituto Internacional de Recursos Renovables (Irri México).
Ahí conoció a Montserrat, licenciada en Relaciones Internacionales por el Tecnológico de Monterrey, con quien formalizó una alianza que le permitió consolidar el proyecto.
La idea de crear energía a partir de desechos orgánicos, con la que Sánchez llevaba trabajando desde hace un año, quedó materializada con la fabricación del primer prototipo biodigestor para uso comercial en América Latina.
Solución
Con la ayuda de Irri México, que ha comercializado biodigestores a hogares y empresarios de comunidades rurales, busca reducir la contaminación emitida por los desechos orgánicos de restaurantes y universidades de la Ciudad de México.
El biogás es “ligero” y tiende a evaporarse, por lo que el peligro de explosión es escaso, lo que garantiza la seguridad en los comercios.
Su eficacia, comprobada con la instalación de biodigestores en comunidades rurales, permitiría que el biogás se utilice por tiempo prolongado en cocinas de locales.
Proyecto en puerta
Hasta hace unos meses, producir biogás sólo era posible en pequeñas y medianas empresas de comunidades rurales. Hoy esta tecnología llega, a través de la estrategia, a restaurantes, centros comerciales y universidades.
Aunque el proyecto aún se encuentra en periodo de prueba, la respuesta de la Universidad Iberoamericana, donde se alimentará con los residuos orgánicos generados de las cafeterías y jardinerías de la institución educativa, ha sido favorable.
De la granja a la ciudad
El uso de biodigestores para la generación de combustible no es una tecnología nueva; sin embargo, es la primera vez que se emplea en comercios y empresas de la zona urbana.
Dentro de las comunidades rurales, donde Irri México a través del sistema biobolsa ha instalado más de 3 mil biodigestores a lo largo de 10 años, los productores agropecuarios se han beneficiado con la reutilización de alimentos y desechos de animales, lo que también se espera suceda con los comerciantes de la capital.
¿Cómo funciona?
Fabricados con PET reciclado, los biodigestores funcionan con agua y residuos; no emplean ácidos, por ejemplo, cáscaras de naranja, puesto que su consumo podría ocasionar irritación al sistema. Sin embargo, existe la posibilidad de alimentarlos con pasto y desechos orgánicos de animales, técnica practicada en El agua, explica el ingeniero industrial, evita que el sistema se sature de alimentos, porque su funcionamiento es similar al aparato digestivo.
Al finalizar el proceso de producción, en un tiempo aproximado de 40 días, se obtienen el biogás, utilizado en operaciones de cocina o en la generación de energía eléctrica y biofertilizante, capaz de regenerar suelos y sustituir las sustancias agroquímicas.
Para la instalación del biodigestor, señala Sánchez, es necesario tener acceso al sistema hidráulico y una conexión de gas no mayor a 100 metros.
Para garantizar su buen funcionamiento y durabilidad, el Instituto Internacional de Recursos Renovables capacitará a los usuarios.
“Si no das una preparación adecuada es muy probable que no haya sustentabilidad en el uso ni en el aprovechamiento de la misma”, señala González.












