Calles

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Las principales causas de accidente tienen que ver con el factor humano, sin embargo, el estado de las vías también tiene un papel importante a la hora de evitar averías en los vehículos y problemas que pueden derivar en males mayores. La degradación del arroyo de circulación, que genera la aparición de baches y deformaciones, es un problema que ha crecido en la ciudad. Resultado de la acumulación de trabajo pendiente por parte de administraciones municipales anteriores, pero también de la mala calidad de la obra en donde sí se ha hecho, el estado de deterioro en muchos puntos hace necesaria una intervención en forma de campaña intensiva.

Las recientes lluvias que han caído en los ultimos días agudizaron el precario estado de muchas vialidades de la ciudad capital. Hay por ejemplo en la Novena Avenida Sur un corte en forma de canal que amenaza impedir el tránsito de automóviles de suspensión baja. Eso causa un cuello de botella que exaspera a miles todos los días. Pero solo es uno de los más críticos. Hay por todos lados de la ciudad infinidad de baches y fracturas, rejillas del alcantarillado pluvial en muy mal estado, en las que se han colocado ramas para un improvisado alertamiento preventivo.

Esta situación es en parte responsable de los muchos accidentes que se suscitan todos los días, algunos de los cuales son registrados por la prensa. El daño económico que esto representa en cifras, es enorme, y es un factor que daña la calidad de vida de miles de personas que se desempeñan en inumerables oficios.

En 1991, la ciudad de Tuxtla Gutiérez fue sede de una inusual reunión de jefes de Estado y de Gobierno que congregó a representantes de diversas naciones del mundo. Entre las muchas iniciativas que se impulsaron en dicha Cumbre de Tuxtla, diez jefes de Estado acordaron que sus Ministerios de Salud y de Transporte trabajaran en un Programa de Seguridad Vial.

Con este antecedente, más tarde el país se sumó junto con más de cien naciones, al Decenio de Acción para la Seguridad Vial 2011-2020 que proclamó la Asamblea General de las Naciones Unidas con el fin de estabilizar y reducir las cifras previstas de víctimas mortales en accidentes de tránsito en el mundo.

De acuerdo con el III Foro de Buenas Prácticas: Mesoamérica ante el Decenio de Acción 2011-2020, en Latinoamérica los percances en vialidades dejan 30 mil muertes cada año. Independientemente de que las víctimas son en su mayoría personas en la plenitud de la vida, que residen en zonas urbanas, y de que mueren cuando son económicamente más productivos y empiezan a formar una familia, la carga que representa esto para los sistemas de salud está en relación directa con las 120 mil incapacidades permanentes y más de un millón 500 mil lesiones graves que requieren hospitalización.

Por ello dicha estrategia prevé disminuir la incidencia de factores de riesgo, mejorar el transporte público masivo y la calidad de datos, promueve además el desarrollo de infraestructura segura y un aumento en el uso de accesorios de protección.

Este problema no es de una ciudad o de un país determinado, pero lo que sí es cierto es que las estadísticas son susceptibles de ser modificadas a la baja con campañas de concientización. No obstante, hay casos que parecieran repetirse a pesar de las acciones de prevención, en los cuales no hay más alternativa que la coacción y la sanción severa, como en el autotransporte colectivo en Tuxtla Gutiérrez.

No obstante, es indudables que estas disposiciones al más alto nivel como las del mencionado Decenio de Acción para la Seguridad Vial, habrán de ir bajando hasta nuestras calles y carreteras, pues no se trata de un problema cuya solución sea una tarea opcional, sino de la mayor urgencia debido a la trascendencia de sus efectos en la economía del país y de la familia.