Cambio de poderes, más que un simple acto protocolario

La ceremonia de cambio de poderes en México es más que un simple acto protocolario, pues el acto deja ver cuál será el sello del gobierno durante los próximos seis años, consideraron analistas.

La toma de posesión del presidente en turno en México es, a decir del académico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Luis Gómez Sánchez, un ritual político que en el año 2000 puso fin al sistema de partido único.

Pero no es sino hasta que el presidente entrante rinde protesta “cuando hay una transformación de una persona ciudadana a una persona con una responsabilidad presidencial”, explicó en entrevista.

Estos rituales sexenales pueden ser protocolarios, solemnes, complejos, pero al final es simple y llanamente que el titular del Poder Ejecutivo federal entrante asuma la responsabilidad frente a la nación, ante los ciudadanos y con los poderes constituidos.

En las últimas tres décadas, los presidentes Enrique Peña Nieto, Felipe Calderón Hinojosa, Vicente Fox Quesada, Ernesto Zedillo Ponce de León y Carlos Salinas de Gortari han cumplido puntualmente y en diferentes circunstancias con ese ritual que data desde hace más de 200 años. Desde 1912 el juramento de protesta ha tenido variaciones.

El actual de “Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión; y si así no lo hiciere que la Nación me lo demande”, data de 1917.