Carding, puerta de entrada al ciberdelito

Smishing, pharming, phishing y carding son algunas modalidades para perpetrar fraudes con tarjetas de crédito y débito. Agencias
Smishing, pharming, phishing y carding son algunas modalidades para perpetrar fraudes con tarjetas de crédito y débito. Agencias

Smishing, pharming, phishing y carding son algunas modalidades para perpetrar fraudes con tarjetas de crédito y débito, pero por su facilidad y falta de tipificación a escala federal, los defraudadores que se inician en el “negocio” optan por la última.

El modus operandi de este fraude, a través de comercios electrónicos, es sencillo. Un binero (término que se utiliza para definir a quien se dedica a realizar esta estafa) que accedió a hablar con El Universal bajo la reserva de su identidad lo resume así: “De tarjetas propias, compradas, conseguidas en internet o en grupos especiales de Facebook, obtienes el número de identificación bancario (BIN, por sus siglas en inglés)”.

Posterior a obtener los primeros seis dígitos de la tarjeta, “ingresas el BIN en páginas de internet que se llaman generadores”, y de manera aleatoria “ya te dan todos los números de la tarjeta, incluyendo su caducidad y los tres números de seguridad”.

El binero explica que el paso siguiente es más tedioso, pero no por eso el más complicado. Se trata de probar en los comercios en línea cuál de éstos acepta las tarjetas generadas y qué plásticos son útiles.

“Hay que pasar horas probando las tarjetas y las páginas para encontrar en cuál se puede comprar. Es mucho tiempo, y no todos [los que quieren dedicarse a esto] aguantan”, dice.

Otra manera para realizar el delito es comprando los números de las tarjetas con un cajero de tiendas de autoservicio o bancos, confiesa.

“Hay muchos cajeros que venden los datos de los clientes, ellos tienen la capacidad de imprimir un ticket diferente que el entregado al cliente, en el cual se pueden ver los 16 dígitos del plástico, no sólo los primeros seis […] te los venden y ya puedes comprar en distintas páginas web”, explica.

Comenta que los precios por BIN varían dependiendo del lugar y la persona que los venda: “Hay diferentes precios, a mí [me los vendían] en mil pesos por 10 BIN, pero en grupos de Facebook [los venden] en individual de 300 a 600 pesos”, relata.

Una de las razones por las cuales este fraude cada vez se vuelve más popular en México es que, a decir del binero, es sencillo. No se necesita una computadora especial o herramientas informáticas, como las denomina la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef).

De acuerdo con la más reciente actualización del Buró de Entidades Financieras de la institución, al cierre de 2018, de 9 millones 397 mil reclamos que tuvieron los bancos, 80% fueron ocasionados por un posible fraude.

En tanto, las tarjetas de crédito y débito acumularon un total de 3 millones 346 mil reclamaciones, siendo los productos con más quejas por parte de los usuarios.