Ante los avances de la modernidad, las cartas manuscritas, son “especie” en extinción en estos días del aún joven siglo XXI, y prácticamente solo se escriben entre presidiarios y sus familiares, señaló Luis Jaime Renovato López, un veterano cartero regiomontano.
Con más de dos décadas en el oficio, que su padre les heredó a él y cuatro hermanos más, este “mensajero de buenas y malas noticias”, como se autodefine, en el Día del Cartero hace un alto en su diario peregrinar por las calles de Monterrey para hablar de sus andanzas y cambios vividos en su labor.
“Damos tanto buenas, como malas noticias, eso a nosotros nos satisface bastante, sobre todo cuando son buenas, o aunque son malas, la gente nos llega a apreciar bastante, en los rumbos que he andado en general nos conocemos ya, por el tiempo que tenemos, es una labor muy bonita”, comentó en entrevista para Notimex.
Al rememorar sus inicios como cartero, recordó: “Yo comencé a pié, cargando la valija, de 15 o 20 kilos, después me dieron una bicicleta, porque empezó a modernizarse un poco más, y ahorita, gracias a Dios, ya traemos motocicleta, pero sí, la labor es bastante y hay mucho trabajo”.
Respecto al tipo de correspondencia a entregar a sus destinatarios, “en cuanto a cartas de amor, personales, sí ha variado, sí sigue habiendo, pero muy pocas, en diciembre todavía llegan las tarjetas navideñas, en el Día del Amor y la Amistad, llegan una que otra carta, pero son mínimas”.
Aunque se mantiene el promedio de entre 400 y 500 correspondencias diarias, hoy por lo general lo que se entrega mayormente son solo recibos bancarios, telefónicos o compras para entrega por correo, mencionó este cartero regiomontano de 57 años de edad, orgulloso de trabajar en Correos de México.
Décadas atrás, las cartas escritas representaban alrededor del 40 por ciento de la correspondencia, actualmente llega si acaso a un 10 por ciento, “la mayoría son del Cereso”, refiriéndose a los Centros de Readaptación Social locales.
“Vienen de personas que le escriben a su gente –en los penales- y son las únicas –cartas manuscritas- que sobreviven, tanto que llevan como que reciben, las demás –de gente común-, son muy esporádicas, prácticamente desaparecieron”, indicó.Trabajo que no desaparecerá
Aun cuando las cartas de amor, de amistad, de malas o buenas noticias, ya no son tan frecuentes por la vía del cartero, ésta es una figura que subsiste y no desaparecerá del barrio o de la colonia.
Así lo señaló Rafael Osorio Tintos, de 53 años de edad, quien, con poco más de 30 años de servicio ininterrumpido, es el cartero más veterano de la administración local de Correos de México, órgano descentralizado del Gobierno federal, hasta hace poco conocido como Servicio Postal Mexicano (Sepomex).
“Es un trabajo que no desaparecerá, que subsistirá a pesar de artículos como el celular, el internet con sus redes sociales, pero también la gente debe cuidar que no se pierda esa costumbre, la de cartearse, porque es algo muy bonito y de mucha cercanía con los seres queridos que viven en otros lados, o con los amigos”, mencionó.
Recordó haberse dedicado a este trabajo por indicación de su mamá, “porque había un tío que fue el que me ingresó, y me mandaron a la ciudad Tecomán, un ‘infierno’ donde el calor es más fuerte que aquí, y allá duré tres años, de donde me trasladaron a esta capital”.












