Con el correr de los meses, las medidas para evitar la propagación del Covid-19 se han ido endureciendo o flexibilizando en distintas partes del mundo según el aumento o disminución de los casos.
Mientras que muchos países en Europa están volviendo a restringir actividades sociales y ordenando cuarentenas después de registrar un número récord de casos, Nueva Zelanda, por ejemplo, pasó a su nivel de alerta más bajo.
Sin embargo, esta estrategia para lidiar con el coronavirus es, en opinión de numerosos científicos, demasiado limitada para detener su avance.
“Todas nuestras intervenciones se han centrado en cortar las vías de transmisión viral, para controlar la propagación del patógeno”, escribió recientemente en un editorial Richard Horton, editor jefe de la prestigiosa revista científica The Lancet.
Pero la historia del Covid-19 no es tan sencilla.
Por un lado, dice Horton, está el SARS-CoV-2 (el virus que provoca el coronavirus) y por otro, una serie de enfermedades no transmisibles.
Y estos dos elementos interactúan en un contexto social y ambiental caracterizado por una profunda inequidad social.












