Clima y alimentación

Clima y alimentación

Es un hecho. El cambio climático le afecta a usted, y a toda la población. Los desastres naturales y los cambios de temperatura inciden en la producción de los alimentos que consumimos a diario, desde los cereales, hortalizas y legumbres hasta las carnes, pescados y mariscos. Todos los sectores productivos pueden verse afectados. El cambio climático y la seguridad alimentaria son desafíos entrelazados.

Los agricultores familiares producen 80% de los alimentos que consumimos, pero paradójicamente hacen en parte a las comunidades rurales más vulnerables al cambio climático. La pobreza rural es el doble de la pobreza urbana y muchos agricultores familiares viven en zonas ambientalmente frágiles y no tienen acceso a semillas de calidad resistentes a la sequía, a servicios de asistencia técnica, tampoco tienen acceso a riego, crédito, mercados justos o seguros. Las oportunidades de diversificación son escasas. Estos factores incrementan la vulnerabilidad de las familias rurales, cuyos medios de vida dependen de la producción agroalimentaria. El combate a la pobreza rural y a la malnutrición es clave para mejorar la resiliencia y la adaptación de las comunidades rurales al cambio climático.

Cuando se reportan periodos de sequía, o inundaciones en zonas agrícolas, tenga por seguro que habrá menor rendimiento en los cultivos, mayores pérdidas de alimentos, los agricultores recibirán menos ingresos y los consumidores notarán un mayor costo en la canasta alimentaria. Es decir, todos perdemos.

Este panorama, que ya es complejo, puede agravarse en el futuro si no tomamos las medidas necesarias. Para el año 2050 se espera que la población mundial alcance los nueve mil millones de habitantes. Alimentar a este número de personas requerirá producir, por lo menos, el doble de los alimentos que producimos actualmente; y entonces las preguntas que surgen son: ¿con qué recursos?, ¿habrá suficiente agua y tierra?, ¿las condiciones ambientales lo permitirán?

La realidad es que el futuro nos alcanza y para poder hacerle frente, debemos actuar ahora. Es por esto que este año, en el marco de la conmemoración del Día Mundial de la Alimentación (16 de octubre), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés) hace un llamado a los gobiernos, a la comunidad internacional, al sector privado, a la academia y a la sociedad civil a unir esfuerzos para avanzar en el desarrollo sostenible con un enfoque de derechos que permita que todos los ciudadanos del campo y la ciudad tengan acceso a una alimentación adecuada y a la vez protejan los recursos naturales.

Producir y consumir alimentos sosteniblemente significa adoptar prácticas para producir más con menos recursos. Significa también reducir las pérdidas y desperdicios de alimentos tanto en la producción como en la venta y el consumo. Para lograrlo se requiere una serie de iniciativas que incluyen marcos institucionales y legales adecuados, acciones conjuntas entre los ministerios de agricultura, ambiente, educación, desarrollo social y finanzas; mayor inversión en el campo y el desarrollo de servicios rurales y mecanismos financieros innovadores para los agricultores.

Ambiente, agricultura y alimentación son la clave del desarrollo rural sostenible. Si uno de ellos cambia, los otros dos también lo harán, y esto puede ser para bien o para mal. Eso depende de las decisiones que tomemos hoy.