Cobijan y apoyan a niños con cáncer

Cobijan y apoyan a niños con cáncer

“Tu hijo está muy bien, a lo mejor estás muy estresada, mejor ve a recibir apoyo sicológico”, le dijo el pediatra de Pablito a su mamá, María de Guadalupe Alejandre Castillo, hace más de 30 años. Ella sospechaba que su hijito no estaba bien; lo veía decaído y triste, algo inusual en él, que “era un cascabel”. Después de dos meses de incertidumbre y un análisis clínico supo que el niño tenía leucemia, cáncer en la sangre.

Cuando María de Guadalupe llevó a su hijo al Instituto Nacional de Pediatría (INP) en la Ciudad de México, se dio cuenta de que niños que venían de otras entidades de la República y sus familias esperaban afuera del hospital la siguiente consulta porque no tenían dinero para hospedarse en la capital; era “una cosa inconcebible”. Saber que carecían de un lugar dónde bañarse, descansar o comer fue tan impactante como enterarse de que uno de sus hijos tenía leucemia.

Como a Pablito le dolían los huesos, su mamá lo complacía preparándole lo que quisiera de comer; esta fue una época muy difícil durante la cual ella pensaba en las carencias de los otros niños: “No es fácil tener un hijo con cáncer, nos mueve la vida, los sentimientos”, expresó.

El 15 de junio de 1982, tan sólo seis meses después de que Pablito recibiera su primera quimioterapia, su mamá fundó, junto con otras mujeres en una situación similar a la suya, la Asociación Mexicana de Ayuda a Niños con Cáncer (AMANC), IAP.

El objetivo era dar respuesta a las deficiencias hospitalarias y asistenciales que enfrentaban las familias de menores de edad con esta enfermedad. Mucha gente le dijo que no se metiera en ese problema, pero ella le hizo caso a su intuición y a sus ganas de hacer algo; desde entonces no ha parado.

En los inicios de AMANC, María de Guadalupe y las demás fundadoras compraron, con donativos, algunos medicamentos y los entregaron a padres de menores de edad enfermos. A la par de estas actividades, su hijito recibía tratamiento médico, pero en 1985 falleció a los ocho años.

Después de esta dolorosa vivencia, Alejandre Castillo decidió proporcionar a niños de escasos recursos y sin seguridad social todo lo necesario para que no abandonaran sus tratamientos médicos.

“La casa de los niños con cáncer cuando están lejos de su casa” es como Alejandre Castillo define a AMANC.

En la sede principal, así como en los otros 22 centros ubicados en diferentes estados del país como Chiapas, Hidalgo y Zacatecas, se da acompañamiento integral gratuito a menores de bajos recursos que están recibiendo tratamiento oncológico en hospitales públicos con el fin de que no lo abandonen y logren la supervivencia.

El acompañamiento incluye hospedaje temporal, transporte, alimentación, apoyo emocional y educativo, así como actividades recreativas durante su estancia.