La decisión de la policía de Israel de no permitir que se oficiara misa en el Santo Sepulcro con motivo del Domingo de Ramos ha desatado la indignación de la comunidad internacional.
“Hoy Jesús llora una vez más por Jerusalén. Llora por esta ciudad, que sigue siendo signo de esperanza y dolor, de gracia y sufrimiento. Llora por esta Tierra Santa, aún incapaz de reconocer el don de la paz”, dijo la máxima autoridad católica en Tierra Santa, el patriarca latino, Pierbattista Pizzaballa.
Los principales lugares sagrados de Jerusalén están cerrados debido a la guerra en curso con Irán, incluida la iglesia, ya que la ciudad ha sido blanco de frecuentes ataques con misiles iraníes. Sin embargo, la policía impidió que Pizzaballa y el custodio de Tierra Santa, Francesco Ielpo, auspiciaran una misa en el Santo Sepulcro, a pesar de que no habría público, un suceso inaudito, alegando presuntos motivos de seguridad.
La Iglesia católica calificó la decisión policial de “una medida manifiestamente irrazonable y groseramente desproporcionada”.
“La decisión tomada por la Policía Nacional de Israel de impedir la entrada del patriarca latino, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, y otros tres sacerdotes a la iglesia para impartir una bendición el Domingo de Ramos, constituye un desafortunado exceso que ya está teniendo importantes repercusiones a nivel mundial”, dijo el embajador de Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee.
El embajador apuntó que a pesar de que los lugares sagrados de la Ciudad Vieja permanecen cerrados por motivos de seguridad (la razón esgrimida por la oficina de Bejamín Netanyahu para impedir el paso a Pizzaballa), las restricciones son para multitudes, lo cual no era el caso.












