La contaminación ambiental de Medellín, la segunda ciudad importante de Colombia, con más de 2.4 millones de habitantes, llegó este año a su máximo nivel, obligando a sus autoridades a declarar la alerta roja máxima y tomar medidas urgentes a nivel del transporte y la industria.
Pero la contaminación no sólo afecta a Medellín, una de las ciudades más innovadoras de América Latina, sino a su zona metropolitana, que integran 10 pequeños municipios que conforman lo que se conoce como el Valle de Aburrá, para una población de más de 3.8 millones de personas, y una densidad, de tres mil 124 habitantes por kilómetros cuadrado.
Colombia, a nivel nacional, emitió 258,8 millones de toneladas de dióxido de carbono, que representan 0.4 por ciento de las emisiones globales, y de estas unas 22,94 millones de toneladas se concentran en el departamento de Antioquia (noroccidente), del que hace parte el Valle de Aburrá, según un informe del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam).
Los expertos en asuntos ambientales también consideraron en su momento que las arenas que llegaron al Valle de Aburrá desde la Costa Atlética contribuyeron al aumento de este fenómeno de inversión térmica.
Un año después, es decir en marzo de 2017, los habitantes del Valle de Aburrá fueron sorprendidos con uno de los niveles más altos de contaminación del aire.
El transporte automotor (vehículos y motocicletas) originan el 80 por ciento de la contaminación del Valle de Aburrá, y el otro 20 por ciento es de fuentes fijas, en particular las industriales.
La situación de contaminación fue tan grave que el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, citó el pasado 25 de marzo con urgencia a sus colegas de los otros municipios del Valle de Aburrá, para tomar medidas estrictas de conjunto.
En esa reunión, los mandatario regionales determinaron pasar de alerta naranja a roja por las condiciones meteorológicas “desfavorables” para la dispersión de contaminantes y el aumento “significativo” de material particulado (PM) 2.5, el más fino y perjudicial para la salud.
Las autoridades municipales aplicaron medidas de restricción al transporte privado y recomendaron evitar el ejercicio al aire libre, además de intensificar las campañas de concientización de la comunidad para que por voluntad propia contribuyeran a mejorar el medio ambiente del Valle de Aburrá.











