Las comunidades de Ordeñitas y Maravatío, en el municipio de Parácuaro, Michoacán, ya se han convertido en pueblos fantasmas por el temor de los habitantes a quedar entre en fuego cruzado de la batalla que arreció entre grupos del crimen organizado, reveló el párroco Adrián Chávez.
Los mismos habitantes informaron que desde la semana pasada, que iniciaron los enfrentamientos entre grupos armados a la fecha, van cerca de 100 familias desplazadas. Unos han dejado sus hogares por decisión propia y otros “por invitación” de los grupos delincuenciales, pero todos invadidos por las lluvias de disparos.
Entrevistado al respecto, el sacerdote católico llamó a las autoridades para que restablezcan la paz en esas comunidades ubicadas en los límites de Parácuaro y Tancítaro. “El problema (mayor) es en las comunidades de Maravatío y Ordeñitas. No ha quedado ninguna familia. Algunos dan vueltas en la mañana para ver cómo están sus pertenencias y luego regresan a la cabecera municipal”, precisó.
Chávez narró que, en base a lo que los pobladores le han platicado, el miedo a ser alcanzados por una bala los obligó a abandonar sus hogares. Otros “por invitación” de los mismos grupos que controlan (la plaza) para que no sean alcanzados por los disparos.
El religioso confirmó que los habitantes de esos poblados le han pedido apoyo, por lo cual habilitó como refugio el salón parroquial. Sin embargo, expuso, los desplazados han decidido refugiarse con familiares y amigos en la cabecera municipal y sus alrededores.
Otro de los poblados que se forman parte del campo de batalla en esa zona de transición de las tierras Caliente y Fría, es El Tepehuaje. El párroco explicó que la principal actividad económica de los habitantes de esas comunidades es la agricultura, entre ellas el cultivo de aguacate y la siembra de jitomate.
Un habitante de ese municipio ubicado a 187 kilómetros de la capital michoacana –que pidió el anonimato- señaló que son cerca de 100 familias las desplazadas por la violencia. Reiteró que esos lugares se han quedado solos y convertido en pueblos fantasma donde solamente viven los estruendos de las armas de grueso calibre con las que se disparan los grupos al servicio del crimen organizado.
“La gente de la comunidad no quiere problemas de ningún tipo con nadie. Son gente de trabajo y lo que quieren es paz”, expresó.
Aclaró que los pobladores de esas comunidades lo que piden es presencia policial y que el Ejército mexicano se establezca en esa zona para restablecer la paz y la tranquilidad.












