La trayectoria de Andrés Manuel López Obrador se caracteriza por el uso constante de mecanismos de recaudación directa y movilización de recursos.
Desde su etapa como candidato hasta su reciente reaparición en marzo de 2026, el político tabasqueño apela a la solidaridad civil para solventar proyectos que considera prioritarios. De acuerdo con el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), este tipo de liderazgos basan su legitimidad en la movilización de recursos fuera de los canales institucionales tradicionales, lo que genera tanto una base de apoyo sólida como cuestionamientos sobre la transparencia del destino final de los fondos.
La estrategia de obtención de capital por parte del exmandatario presenta hitos fundamentales que explican su modelo de financiamiento social. Uno de los casos más recordados es el fideicomiso “Por los demás” (2017), lanzado tras el sismo del 19 de septiembre para apoyar a los damnificados.
Después, la rifa del avión presidencial (2020) marcó la agenda pública bajo la premisa de erradicar la opulencia. Finalmente, la convocatoria por Cuba (2026) representa su acción más reciente. En marzo de este año, López Obrador rompió su retiro para solicitar donaciones directas a favor de la isla ante su crisis energética, utilizando a la asociación civil “Humanidad con América Latina” como receptora.
La efectividad de estas colectas ha sido objeto de escrutinio por parte de organizaciones civiles especializadas en rendición de cuentas. De acuerdo con la plataforma de análisis presupuestario World Justice Project, la brecha entre los recursos recaudados y la ejecución de las obras prometidas representa un desafío para la confianza institucional.












