De origen animal, virus que afectan a humanos

De origen animal, virus que afectan a humanos

Noctámbulo, de nariz puntiaguda y cabeza pequeña, tal como un pequeño gato con antifaz, la civeta de las palmeras enmascarada (Paguma larvata) es un pequeño mamífero muy cotizado en la gastronomía china. Su carne es considerada un manjar, pero el precio por la cercanía con este animal nunca fue más alto que en 2002 cuando se declaró la epidemia por SARS-CoV y esta especie arbórea de hábitos discretos y garras afiladas resultó ser un reservorio animal del virus que contagió a más de ocho mil personas y mató a 10% de esta cifra.

El doctor Miguel Ángel Cevallos, investigador titular del Centro de Ciencias Genómicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en el Programa de Genómica Evolutiva, señala que la mayor parte de los virus que afectan a los humanos tienen un origen animal, excepto contadas excepciones que solo se replican en los humanos, como la viruela, el sarampión y la poliomelitis. Finalmente, los contactos cercanos con los animales van a determinar si surgen o no las enfermedades que desencadenan.

Otro factor para determinar una epidemia es el poder de contagio del virus. Los epidemiólogos asignan un número promedio de personas que puede infectar un enfermo. Si prevalecen cifras menores a uno, las infecciones no se sostienen; pero si hay números mayores, significa que el virus es contagioso y que hay un problema. Nuevamente una epidemia, la que deviene del llamado virus de Wuhan impone nuevos retos a los científicos y a los sistemas de salud del mundo entero. Otra vez, el epicentro del contagio está en China.

El factor de las ciudades

El también divulgador científico, señala que las epidemias surgen con la historia de las ciudades y las ciudades se desarrollan en la medida en que tienen agricultura y ganadería. “Mediante el estrecho contacto con los animales de granja empezaron las primeras epidemias”, señala y especifica que los virus usualmente tienen un animal que se llama “reservorio” y que evoluciona con él. Hay una convivencia pacífica entre ambos organismos, por lo que pueden sobrevivir sin problema, pero luego sobrevienen dos grandes saltos.

A veces cuando esos virus animales tienen contacto con el hombre, sufren un cambio genético, una mutación que logra infectar al humano. La infección en un inicio no es muy eficiente, pues el virus apenas está aprendiendo a infectar correctamente a este nuevo organismo, pero después, en un segundo paso, se generan una serie de mutaciones secundarias que le permiten al virus transmitirse dentro de la población.

Otra de las grandes condicionantes para desatar una epidemia es que exista una población de gran tamaño y que esté viviendo junta. Un mayor tamaño de población implica que haya siempre gente susceptible y que el virus se pueda propagar entre grupos sensibles y otros resistentes.

Los tenaces coronavirus

En esta ocasión, los que vuelven a hacer acto de aparición son los coronavirus, que forman parte de una familia de virus que afectan tanto al ser humano como a varias especies de animales.

La familia del coronavirus también es la causante del resfriado común, pero los más peligrosos son los llamados betacoronavirus, que son uno de los cuatro géneros de la familia Coronaviridae.

“Dos betacoronavirus nos han dado mucha lata en las dos últimas décadas”, subraya Cevallos. Uno de ellos es el SARS, la epidemia que abarcó 29 países y cuyo primer brote empezó en la provincia meridional china de Guangdong, a mediados de noviembre de 2002. El SARS fue el culpable de 908 muertes tan solo en China, Canadá, Vietnam y Singapur.

En 2012, otro coronavirus irrumpió con fuerza en los escenarios internacionales: el llamado Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV). Los dromedarios y camellos actuaron como huéspedes intermedios primarios, pues se reconocieron como una fuente de infección a partir de contacto directo o a partir del consumo de productos derivados.

El coronavirus que se detectó en diciembre del 2019 en la ciudad china de Wuhan impone nuevos retos.

El doctor Miguel Ángel Cevallos señala que lo que han hecho los chinos es cambiar completamente de actitud, pues a diferencia de lo ocurrido con el SARS, ahora rápidamente aislaron el virus para poderlo identificar, secuenciar y después entregar la información a la OMS. “Ahora sí le apostaron a la ciencia y a pesar de que el virus es bastante contagioso, se están tomando los pasos adecuados para contener la epidemia”.