Puerto Príncipe * Notimex. La alerta extrema por una epidemia de infecciones en Haití, ante la putrefacción de miles de cadáveres que dejó el terremoto, amenaza en convertirse en una nueva tragedia.
Los haitianos tratan de proteger sus vías respiratorias y cubren sus fosas nasales con las manos, pañuelos, paliacates, cáscaras de naranja o limón, también las taponan con hierbas, para soportar la pestilencia que se respira por toda la ciudad.
La gente mendiga por las calles cubrebocas, crema de mentol, para tratar de mitigar la picazón y resequedad que provoca el terrible olor del ambiente.
Las condiciones climatológicos de la isla, aunado al estado de descomposición que registran los cuerpos, empiezan a provocar el escurrimiento de líquidos que contaminan el drenaje.
Esa situación pone en alerta extrema a la ciudad, cuyos habitantes debido a su poca educación, ignoran y no les importa, lavar sus manos en los charcos que se forman de escurrimientos de agua de algunas pequeñas fugas que se registran a consecuencia del sismo.
Esa agua arrastra todo lo que encuentra a su paso como basura, orina, sangre, ácidos de baterías de los carros aplastados y hasta químicos, que se usan para fumigar.
Así, hay peligro de propagación de enfermedades como hepatitis, cólera, fiebre amarilla, tifoidea y tétanos.
Por causa de la escases de agua las calles son invadidas con la venta de bolsitas que ellos mismos preparan.











