Día de Muertos, fiesta con alegría, gusto y sufrimiento

Día de Muertos, fiesta con alegría, gusto y sufrimiento

Con el Día de Muertos, México revive un tiempo de alegría, gusto y cierto sufrimiento, lo cual muestra en las ofrendas que se colocan en los hogares mexicanos y en diversos sitios públicos, y la cultura nacional vive una dualidad.

Con motivo de esa celebración, en entrevista por separado, Eduardo Merlo y Dulce María Pérez Torres, arqueólogo del INAH e investigadora de la Facultad de Psicología de la UPAEP, respectivamente, resaltaron esa dualidad, en donde “se sufre por el ser querido, pero les esperamos con gusto al menos un día”.

“Hemos estado durante muchos años investigando para entender el concepto de la muerte, podemos decir que en estas fechas en el pensamiento y en la cultura mexicana se vive una especie de dualidad, por un lado el mexicano vive el concepto de la muerte tan cercano que se ríe de él”, refirió Eduardo Merlo.

El arqueólogo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) dijo que lo anterior es parte de la contradicción que tiene la vida, debido a que por un lado se sufre porque se perdió a las personas queridas, como son los padres, los parientes y amigos.

“Por otro lado, tenemos la esperanza de que pasaron a mejor vida y lo que podemos hacer, ya que no los vamos a resucitar, es recordarlos”, expresó.

Merlo Juárez señaló que la fiesta dedicada a los muertos fue celebrada por los antepasados indígenas de una manera muy distinta a como lo venían los conquistadores europeos, de ahí que los mexicanos son una mezcla de las dos cosas, o de las muchas cosas que cada una de estas culturas aportó.

“De los antepasados indígenas se heredó algo hermoso, como es el hecho de que los muertos no van a sufrir a ningún lado, sino a descansar, pero además se tiene el privilegio de poderlos traer por lo menos una vez al año, ante quienes están vivos y los agasajan”, agregó.

“Los mexicanos no sabemos más que agasajar, muestra de ello es que cualquier persona que nos viene a visitar la invitamos a comer, tomar algo y disfrutar. Eso mismo hacemos con nuestros muertos, al tener la oportunidad de invitarlos o de saber que ellos salen del lugar en donde están y vienen a visitarnos”, apuntó.

El arqueólogo resaltó que, “por ello, en la ofrenda se les ofrece un banquete en donde hay bebida, comida. Asimismo, hay luz y ornamentación para que estén contentos unos días con nosotros”.

Dijo que “a pesar de todo lo que pasó después de la conquista, se tiene la fiesta y no se borró, al revés, se enriqueció, además de la religión cristiana, con productos como el azúcar y el trigo, que de inmediato se incorporó a la tradición de los muertos”.

Puntualizó que entre otro de los productos que se añadieron está “el pan, si antes no había alcohol ahora ya lo hay, es decir, se adaptaron las viejas tradiciones a lo nuevo y ahí está”.

Subrayó que “es una tradición que difícilmente va a morir, porque mueve desde lo más profundo de cada persona a reflexionar sobre los antepasados inmediatos, los que se murieron y que se conocieron”.

Por su parte, Dulce María Pérez, investigadora de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), dijo que al llegar las fechas del 28 de octubre al 2 de noviembre la gente vive una experiencia dual, en donde recuerda a la persona que se ha ido, en especial si se fue en el presente año, porque es un asunto de tristeza y añoranza fuerte.

La especialista de la UPAEP resaltó que en el caso del familiar, si falleció tiempo atrás como es el abuelito o abuelita, el tía o tío, es un sentimiento de recordar a la persona en lo bueno que hizo.

Pérez Torres señaló que desde la tradición prehispánica venían los muertos, olían y comían de lo que estaba expuesto y se iban simbólicamente.

Dijo que “en las culturas egipcia, griega y china, así como en Europa se recuerda a los muertos, pero México tiene ese culto particular de dejar ir a su muerto”, para luego recibirlo año con año con los alimentos y lo que les gustaba.