Diciembre

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En diciembre próximo los principales líderes mundiales se reunirán en París para renovar el Tratado de Kioto, ante el mayor problema global de este siglo, con consecuencias devastadoras para el planeta en su conjunto si no existe una voluntad política en ese sentido.

Este año es especialmente importante, ya que en esa oportunidad se encontrarán en la Cumbre del Clima de la Organización de las Naciones Unidas. El Tratado de Kioto es un documento que contiene metas vinculantes de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero para 37 países industrializados y la Unión Europea, al ser los principales responsables de la situación crítica actualmente en la atmósfera, consecuencia de haber estado quemando combustibles fósiles durante más de 150 años.

No se pierde la esperanza de que en esa ocasión se llegue a un acuerdo que permita controlar el cambio climático y evitar los peores impactos ecológicos, económicos y sociales. Por eso, el actual es un año crucial para el futuro del clima, y acciones como recién pasada la Hora del Planeta intentan impulsar conciencia universal en ese sentido, para influir en ese propósito, la supervivencia.

Se reconoce que las poblaciones que acogen con mayor entusiasmo estas iniciativas a favor del mundo son las jóvenes generaciones, que serán herederas de lo malo o bueno en el futuro. Es la parte de la sociedad que respalda conciente todas aquellas acciones urgentes para revertir el daño que hasta ahora se ha infligido al ecosistema, con el fin de conservar lo que queda de los recursos naturales.

Por ello todas las estrategias que se puedan poner en marcha harán la diferencia en el porvenir que muchos pronostican, el cual se asoma cada vez más amenazante. Durante la Conferencia Internacional Científica “Nuestro futuro común bajo el cambio climático”, celebrada en París a cinco meses de que esa misma ciudad acoja la próxima cumbre sobre este problema, expertos analizaron los desafíos y retos medioambientales de los próximos años.

Los científicos alertan de que tanto la temperatura de la superficie terrestre y de los océanos como el nivel del mar, la concentración de gases de efecto invernadero y las emisiones de CO2 han aumentado a niveles históricos desde mediados del siglo antepasado.

La media de la temperatura global de océanos y de la superficie terrestre acumulada ha aumentado de -0,6 grados centígrados en 1850 a 0,2 grados centígrados en 2012, mientras que el nivel del mar ha pasado de en torno a -0,15 metros en 1900 a 0,05 metros en 2005, de acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas.

En esa oportunidad se ha subrayado la necesidad de reducir las emisiones de dióxido de carbono entre un 40 % y un 70 % antes de 2050 para atemperar los efectos del aumento de la temperatura global y limitar el calentamiento a 2ºC por encima de los niveles preindustriales.

Un aumento de las temperaturas de casi 1.1 grados centígrados en el último siglo ha provocado que las olas de calor sean cada vez más comunes, que los incendios empeoren, que aumenten las lluvias torrenciales y que el agua escasee en las regiones más secas.

Se prevé un aumento de temperatura de entre 1.1 y 2.2 grados centígrados en las próximas décadas, dado que los gases de efecto invernadero que ya están en la atmósfera han comprometido vastas regiones del continenete. A final del siglo XXI las temperaturas podrían ser de hasta 2.75 grados centígrados superiores. Con esto lo que se debe esperar es un mayor aumento del nivel del mar, inundaciones, más precipitaciones y olas de calor en determinadas regiones; huracanes y una creciente escasez de agua y cada vez más sequía e incendios.