San Francisco * AP. En Perú, Inés González Lehman dirigía un equipo de mercadeo de 14 personas en una firma de alta tecnología. Después de casarse con un estadounidense y emigrar legalmente al país de su marido, el único trabajo que consiguió fue sacar copias y atender llamadas telefónicas en el último peldano de la escalera empresarial.
Las historias de inmigrantes altamente capacitados que realizan tareas humildes son parte del folclor estadounidense: el médico polaco que trabaja de portero, el contador libanés que maneja un taxi, el ingeniero paquistaní que se gana la vida en un restaurante. Día a día se suman nuevos inmigrantes a la nómina.











