Dilma en pausa

Dilma en pausa

Minutos después de asumir el cargo en el 2011, la presidenta Dilma Rousseff prometió ante el Congreso terminar con los acuerdos secretos y los esquemas de sobornos en el corazón de la política brasileña.

Por un tiempo pareció que cumplía su promesa. En su primer año destituyó a siete ministros salpicados por acusaciones de delitos y registró el mayor nivel de aprobación de un presidente desde el regreso de la democracia en 1985.

Sin embargo, cinco años después y en medio de la peor recesión desde la década de 1930, Rousseff fue suspendida del cargo por el Senado, tras votar a favor de someterla a un juicio político por infringir leyes presupuestarias.

Pese a que no enfrenta ningún cargo de enriquecimiento personal, el fiscal acusó a la mandataria de obstruir una investigación de corrupción en la estatal Petrobras, el mayor escándalo de la historia de Brasil. Rousseff encabezó el directorio de la compañía petrolera entre 2003 y 2010.

Rousseff niega haber cometido delitos y afirma que es víctima de un “golpe”. Pero la recesión y el escándalo de Petrobras volvieron a la mayoría de los brasileños en su contra, motivando los esfuerzos opositores para removerla del cargo.

Al explicar qué salió mal, exministros, asesores y legisladores apuntan a la terquedad de Rousseff, su mal manejo económico y una tendencia a aislarse. Combinadas, esas características la llevaron a rechazar consejos que podrían haber evitado la recesión y el fin de su carrera política.

Un ex ministro de Rousseff señaló un error clave en el 2014 tras ser reelecta por un estrecho margen, pese al descontento por la economía y servicios públicos malos.

En su primera reunión después de la elección, Rousseff le dijo orgullosamente a su mentor, el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que la votación mostraba que el pueblo aún estaba de su lado, recordó el ministro.

“No”, contestó Lula. “Nos están dando una advertencia. Y nos están diciendo que no tendremos una segunda oportunidad”.

Pero Rousseff no hizo nada para cambiar de rumbo.

En este marco, Brasil vivió ayer una jornada dramática con la suspensión de Dilma Rousseff como mandataria y su salida, a pie, del palacio presidencial, mientras que Michel Temer asumió la jefatura del Estado y anunció los nombres de sus ministros.

Rousseff, apartada del poder horas antes por decisión del Senado de iniciar un juicio político contra ella, compareció ante la prensa en el Palacio del Planalto, de donde salió a pie y prometiendo “lucha” para volver al poder, mientras era arropada por cientos de simpatizantes.

“Puedo haber cometido errores, pero no cometí crímenes”, dijo la mandataria, acompañada por su gabinete, por diputados, senadores y por el expresidente Luiz Inacio Lula da Silva quien, sin embargo, se mantuvo en un calculado segundo plano durante todo el evento.

“Estoy siendo juzgada injustamente por haber hecho lo que la ley me autorizaba hacer”, dijo Rousseff.

Admitió sufrir “el dolor innombrable de la injusticia”, y prometió: “jamás desistiré de luchar”.