Diplomacia de Francisco abrió diversos caminos

Diplomacia de Francisco abrió diversos caminos

El papa Francisco y su “diplomacia de los pequeños pasos” resultó fundamental para lograr un acercamiento definitivo entre Estados Unidos y Cuba, poniendo las bases para el “deshielo” y la inminente visita de Barack Obama a la isla.

“Hoy todos estamos contentos porque hemos visto cómo dos pueblos, que se habían alejado durante muchos años, han dado un paso de aproximación. Esto ha sido posible gracias a los embajadores y a la diplomacia”, dijo el 18 de diciembre de 2014.

Esas palabras resonaron en una audiencia con nuevos embajadores ante el Vaticano, justo un día después del anuncio simultáneo en Washington y La Habana, de Obama y Raúl Castro, del acercamiento entre ambas partes.

En esa ocasión destacó el trabajo de “pequeños pasos” en materia diplomática, que “acaban siempre por hacer la paz”.

Ese fue apenas el comienzo de un “deshielo” que generó rápidos resultados: Un primer encuentro entre ambos presidentes en la Cumbre de las Américas de Panamá (abril 2015) y una serie de conversaciones bilaterales que llevó a la reapertura de las embajadas mutuas.

En paralelo, Jorge Mario Bergoglio selló este nuevo estatus con sus visitas apostólicas a uno y otro país, en septiembre último.

Todo este nuevo escenario tuvo su momento clave durante el encuentro del papa y Obama en la biblioteca del Palacio Apostólico Vaticano. En esa ocasión Francisco exclamó: “Somos todos americanos y debemos vivir en armonía”.

Corría el mes de marzo de 2014 y ya para entonces desde el entorno de la Casa Blanca habían puesto sobre la mesa la posibilidad de involucrar al Vaticano en encuentros reservados que ya mantenían ambos países.

Cuando el papa supo de la posibilidad de abrir una grieta en una situación bloqueada, decidió escribir personalmente a los presidentes. En sus cartas los animó a dejar atrás décadas de conflicto y “dar inicio a una nueva fase de las relaciones entre las dos partes”.

Esos dos mensajes tenían las mismas palabras y fueron redactados en inglés y español. Francisco se los entregó personalmente al cardenal arzobispo de La Habana, Jaime Lucas Ortega y Alamino, el fin de semana del 27 de abril en el Vaticano. El encuentro coincidió con la ceremonia de canonización de los papas Juan XXIII y Juan Pablo II.

Inmediatamente el purpurado se puso en acción para el cumplimiento de su encomienda. Lo hizo con Raúl Castro, pero la tarea difícil correspondió a la entrega en Washington. Finalmente obtuvo el apoyo del cardenal emérito de esa ciudad, Theodor McCarrick, y de los jesuitas de la Universidad de Georgetown.

Así, el 18 de agosto de 2014 se organizó una conferencia en ese claustro tras la cual Ortega fue trasladado, en medio del más estricto sigilo, a la Casa Blanca donde pudo ver a Obama muy cerca del patio Rose Garden. Pero ese encuentro no consta en ningún registro oficial.