Dos caras de Brasil: armas y prestigio diplomático

Dos caras de Brasil: armas y prestigio diplomático

En tiempos de la dictadura militar que sometió a Brasil a un arbitrio autoritario que anestesió toda iniciativa política y social a lo largo de casi dos decenios (1964-1985), el auge armamentista ofrecía un amplio menú que, inusitadamente, alcanzó una fama sin precedentes en los mercados exportadores de artilugios bélicos.

Carente entonces de una industria petrolera potente, los militares brasileños establecieron convenios con las naciones árabes para proporcionar crudo sin refinar, a cambio de tanques, aviones y armas ligeras.

Bajo realidades diferentes a las que prevalecían en el siglo XX, ahora no solamente de soya y otras materias primas viven las exportaciones brasileñas, pues existe otro comercio, letal por naturaleza, en el cual la gran nación sudamericana destaca sobradamente.

Se trata del mercado de revólveres, pistolas, ametralladoras, fusiles, lanzagranadas, artillería antitanques, municiones y morteros.

Además de enviar al exterior grandes futbolistas y top models que muestran su increíble belleza en las pasarelas de la moda de Londres, París y Milán, atrás solo de Estados Unidos, Italia y Alemania, Brasil es el cuarto mayor exportador de armas ligeras del planeta, de acuerdo con el informe (traducido al portugués) As armas e o mundo, divulgado por Small Arms Survey.

La entidad que monitorea los conflictos y el comercio de armas de fuego en el universo bélico señala que, de 2001 a 2012, Brasil exportó 2.8 billones de dólares (374 millones en 2012) en armas, dejando atrás a Rusia y China, que posee el mayor ejército profesional que se conozca.

Brasil es el único entre los cuatro mayores países exportadores cuyas transferencias de armamento no son transparentes, refiere el informe; es decir, que no presenta a la ONU recibos, facturas y contratos por ventas, sin que se sepa qué, a quién y cuánto comercializa.

En la práctica, eso significa que existe la posibilidad de que los armamentos vendidos por Brasil sean comprados por naciones en conflicto o que violan los derechos humanos, o que la nación sudamericana venda a terceros que, a su vez, revenderán las armas a milicias o facciones terroristas irregulares o a gobiernos autoritarios.

Brasil también es el cuarto país entre los mayores exportadores cuyas transferencias de armas ligeras crecieron entre 2001 y 2012: hubo un aumento de 295 por ciento en las ventas y, en ese renglón, solo fue superado por China (1.456 por ciento); Corea del Sur (636 por ciento) y Turquía (467 por ciento).

Las más importantes empresas fabricantes de armas ligeras en Brasil (establece el documento distribuido por Small Arms Survey) son Forjas Taurus, Imbel y la Companhía Brasileira de Cartuchos.