Cuando iniciaron hace 30 años, un día de noviembre de 1989, apenas ocuparon una mesa y una cubeta adaptada para la elaboración de dulces artesanales llamados veligomas.
Hoy, las instalaciones de la empresa familiar Dulces Edith ocupan alrededor de 400 metros cuadrados y produce, aproximadamente, 35 variedades de productos y presentaciones.
Se encuentra en Magdalena Yodocono de Porfirio Díaz, población que se ubica a una hora y media de la ciudad de Oaxaca.
Las calles de ese municipio, en su gran mayoría sin pavimentar, contrastan con una floreciente industria dedicada a elaboración de dulces que se ha consolidado durante las últimas tres décadas y que cada vez amplía más su mercado a otras entidades del país.
Lucía Edith Cruz López y Alfredo Raymundo Palacios Cruz tenían 25 años de edad cuando se casaron.
Un año y medio después, y ante la falta de empleo en Yodocono, pese a que Alfredo había estudiado la carrera de médico veterinario -nadie en Yodocono llevaba a sus animales al veterinario-, decidieron iniciar una empresa de elaboración de dulces.
La receta la aprendieron de los padres de Raymundo, quienes vivían en la Ciudad de México, y la fueron mejorando con el tiempo.
“Inició con mucho sufrimiento”, recuerda Edith Cruz, la fundadora y cuyo nombre también es la marca de su empresa.
En 1989 iniciaron con un kilo de grenetina con la que produjeron unas tres cajas de veligomas, un dulce de gelatina que va dentro de un pequeño y alargado tubo de plástico; eran de diferentes colores.
“Nos costó mucho abrir mercado. Estábamos recién casados y no teníamos trabajo. Mis suegros lo hacían [el dulce de gelatina] en la Ciudad de México, ellos nos pasaron la receta, que después fuimos mejorando y también nos advirtieron que no se vendía”, recuerda Edith.
Con esa primera producción viajaron hasta la ciudad de Tlaxiaco, ubicada a unos 92 kilómetros de distancia y a dos horas en vehículo desde Magdalena Yodocono.
Llegaron a una dulcería a venderlos, pero el propietario les dijo que únicamente les aceptaba el producto si se lo dejaba a consignación, es decir, sólo en caso de que se vendiera se los pagaría o, de lo contrario, se los regresaría.












