Gretel tiene 11 años, pero se ha desarrollado como una bebé de año y medio. Apenas camina y empieza a comer por sí sola, presenta una discapacidad múltiple y requiere de atención personalizada. Es una de los mil 827 alumnos de nivel básico que reciben educación especial por presentar diversas discapacidades.
Hace cuatro años aún no sabía caminar, pero su mamá Judith Cruz Aparicio decidió ingresarla al Centro de Atención Múltiple (CAM), ubicado en Santa María El Tule, y ahora la niña cursa su primer año de primaria. A diferencia de las escuelas regulares, su plan de estudios no se basa en aprender a leer o sumar, sino en aprender a moverse por sí misma.
La independencia personal es la principal enseñanza en estos espacios dedicados a menores con alguna discapacidad cognitiva o motriz, la prioridad son los aprendizajes funcionales, platica Flor Carrera García, docente de Comunicación y Lenguaje.
Como este espacio, en Oaxaca existen 59 centros de atención múltiple donde se atiende a mil 462 niños de cinco meses a 12 años, y a 365 adolescentes de entre 13 y 17 años. Con la implementación de la reforma educativa impulsada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, todos podrían desaparecer, lo que mantiene en alerta a padres de familia y a profesores.
El motivo de su preocupación es que ahora el término “educación especial” ya no aparece en el artículo tercero de la Constitución y en su lugar se habla de una educación “incluyente”, lo que, afirman, se traduce en abandono hacia este sector de la población.
“Para mí es muy preocupante, porque si hablamos de inclusión significa que te voy a dar la misma atención que todos, eso me suena ilógico, sobre todo por la condición de mi hija”, dice Judith, madre de Gretel.
Para los tutores, la posibilidad de que estos centros de educación especial desaparezcan y sus hijos tengan que ser integrados a las escuelas regulares, más que de integración se trataría de una exclusión para los niños, pues muchos padecen ciertas discapacidades que les impide relacionarse. Además, aseguran que los planteles no cuentan con profesores capacitados ni con la infraestructura adecuada para ellos, como se tiene en un CAM.
“Si ella cognitivamente estuviera bien, yo la ingresaría a una escuela regular. No me imagino a mi hija en una escuela regular, siento que es regresar a lo mismo y eso no logrará su independencia”, expresa Judith angustiada.
Dice que no le importa el cansancio, ningún esfuerzo que tenga que hacer para que su hija asista diariamente a este plantel especializado, para lo cual recorren 30 kilómetros en transporte público todos los días. Desde hace cuatro años, salen a las ocho de la mañana de su hogar, en San Antonio de la Cal, y llegan a las nueve al CAM.
Con una mochila en su espalda, la mujer carga el desayuno y la comida para las dos; así pasan todos sus días, con el anhelo de que un día Gretel pueda lograr su independencia personal. “Los gastos son muchos a la quincena, todo se ha ido en Gretel, y no se diga la comida, me tengo que limitar: frijoles y lo más sencillo en la casa, pero lo que importa es que ella logre su independencia, sobre todo que se bañe, se cambie por sí sola, es mi meta”.












