Educación

Educación

El gobernador Manuel Velasco informó del programa “Educar para el Respeto, la Tolerancia y la Paz”, con el que su gobierno impulsa acciones dirigidas a niñas, niños y jóvenes, que abonan a la cultura de paz. Es una buena iniciativa que planta para el futuro. Afortunadamente los chiapanecos de hoy viven en relativa concordia, solo a veces alterada por hechos aislados. Sin embargo, no ha sido así en el pasado.

En las regiones con diversidad de población es necesario reforzar una cultura de tolerancia. En algunas zonas de Chiapas esa diversidad ocasionalmente ha dado motivo al surgimiento de problemas de coexistencia, pero éstos también han surgido incluso en la homogeneidad, por desacuerdos en el interior de grupos determinados. A veces se trata de causas o razones que se han generado dentro de la comunidad, a veces son conflictos traídos y sembrados por gente de afuera, por distintas motivaciones, de credo, políticas, económicas, entre otras.

El problema de la violencia y la ausencia de una convivencia social basada en los principios que sustentan una cultura de paz, continúa siendo uno de los inconvenientes que sigue manifestándose en determinadas regiones cuya población comparte ciertas especificidades. Aproximarse al fenómeno con afán reflexivo, con el fin de buscar alternativas para la resolución de conflictos, es necesario y seguirá siéndolo.

Sin duda son muchas las aristas en que se podría trabajar, sin embargo, la base de toda cultura de tolerancia es y será la educación. En la medida que las poblaciones rurales tengan mayor acceso, dejarán de pelear por cuestioones de credo, por límites, por ejemplo.

El conflicto erosiona, divide, fragmenta, debilita e inmoviliza a la sociedad, y en las zonas rurales afecta la capacidad de acción colectiva, que es principio y base de conviviencia en casi todos los sentidos. Al final se torma en un lastre incluso para el avance de la comunidad en general.

Promover y sembrar en la población la semilla de una convivencia pacífica proporcionando bases para su sostenibilidad mediante la difusión, promoción y aplicación de medios alternativos de abordaje del conflicto, podría corresponder a la familia y a la escuela.

Las nuevas generaciones, en este sentido, son una esperanza.

Vale la pena detenerse a reflexionar sobre este asunto, pues hay que ver algunos ejemplos de conflictos que han ido escalando con acciones cada vez más agresivas hasta llegar a extremos. Y no son problemas que el gobierno federal o estatal puedan evitar, pues en muchos casos esas instancias han proporcionado de antemano alternativas de solución.

A veces son problemas intermitentes, pero además, el repetitivo desacuerdo y conflicto en las comunidades agudiza otro fenónemo social, que es la dispersión por desplazamiento. Los motivos para el desacuerdo no faltarán: agrarios, religiosos, de linderos, políticos, económicos, sociales, de género, por agua, energía eléctrica, etecétera.

Hasta la libertad religiosa garantizada en la Constitución puede ser motivo de necios para el conflicto. Y eso se complica pues en este sentido Chiapas vive una transformación desde los años 50. A nivel nacional existen siete mil 719 asociaciones religiosas distintas registradas, muchas de las cuales con presencia en este estado.

Lo anterior es complejo, porque en muchas regiones perviven grupos de población arraigados en esa constumbre de organización comunitaria en la que no cabe el individualismo.

Sin embargo, es pertienente reiterar que quienes tienen experiencia de trabajo con grupos sociales en el área rural, ven a la educación como el factor que debe privilegiarse para alcanzar una conviviencia más armónica, si no ahora, por lo menos en el futuro cercano. Y en eso trabaja el Gobierno estatal.