Hace cinco años una multitud que se manifestaba en contra de una protesta de neonazis y supremacistas blancos era arrollada por uno de los jóvenes neonazis en Charlottesville, Virginia.
El saldo: un muerto y 19 heridos. Aquel acto quedó marcado como una de las peores expresiones del supremacismo blanco. Sin embargo, hoy la situación en Estados Unidos no ha cambiado mucho.
Aquel 12 de agosto de 2017 los grupos de neonazis y supremacistas blancos se reunieron para participar en una marcha denominada Unite the Right (Derecha Unida), en protesta por el retiro de los monumentos de los generales confederados Robert E. Lee y Thomas Jackson.
El consejo de la ciudad había decidido quitar esos símbolos que recordaban y, de alguna manera apoyaban aún, una de las eras más racistas y separatistas de la historia estadounidense, cuando estados como Carolina del Sur, Mississippi y otros luchaban por independizarse de la Unión Americana para preservar la esclavitud.
Alrededor de las 13:00 horas aparecieron grupos civiles apoyando el retiro de las estatuas y otros símbolos considerados racistas. Se desataron enfrentamientos verbales y físicos entre los grupos manifestantes supremacistas, a favor de la ideología confederada, y la sociedad civil.
Los grupos más visibles
Cinco años han pasado desde aquel 12 de agosto y la situación no ha cambiado respecto a los llamados grupos supremacistas, de acuerdo con especialistas consultados.
El ataque en un supermercado en El Paso, Texas, que dejó 22 muertos, en 2019, es un claro ejemplo.
Jake DePoe, vicepresidenta de la Northwest American Indian Coalition (Coalición de Indios Americanos del Noroeste), comentó a EL UNIVERSAL que “uno de los grupos más activos durante la manifestación de Charlottesville fue American Vanguard, de donde posteriormente se desprende otro grupo llamado Patriot Front, pero en realidad son los mismos, grupos racistas, de odio supremacista, que creen que el país les fue heredado a ellos por ser blancos y descendientes de quienes han desarrollado, según ellos, al país.
“Una parte del manifiesto de estos grupos dice que un afrodescendiente puede haber vivido, trabajado y ser clasificado como ciudadano [de Estados Unidos], pero que aun así no es estadounidense”, señala DePoe.
“Dicen que, en todo caso, sería un africano en Estados Unidos. Y esa misma regla la aplican a todos los que no son blancos y descendientes de los europeos que llegaron y desarrollaron, según ellos”, la Unión Americana, indica.
Necesitamos levantar la voz
Frente a estos grupos, hay activistas que hacen llamados para que los actos de odio no se repitan en Estados Unidos.
Michael Logan, quien vive en Washington, DC, cuestiona la actitud de los estadounidenses que sin ser racistas tampoco hacen algo contra el supremacismo o el neonazismo.
“Su enojo no cambia lo que sucede racialmente: supremacistas golpeando y, en ocasiones, asesinando a minorías; policías blancos matando a ciudadanos negros.
“Mientras sigan siendo pasivos nada va a cambiar, necesitamos ser directos, hablar, levantar la voz, señalar. Gritar que estamos muy molestos y frustrados, dolidos”, comentó.












