El cambio climático y la sexta extinción masiva

El cambio climático y la sexta extinción masiva

La primavera llegó un mes tarde. El calor típico de esta estación del año apenas se está sintiendo, al menos en el centro del país. Simultáneamente se han presentado algunas lluvias que no son típicas de abril.

Es cada vez más evidente que el cambio climático llegó para quedarse, rompiendo por un lado los ciclos del clima que se conocía y haciendo más extremos los fenómenos meteorológicos.

Lo trágico del contexto, es no se está haciendo lo suficiente para detener el daño ambiental. El riesgo de una sexta extinción masiva está en curso, esta provocada por nosotros los humanos.

Una extinción masiva implica la desaparición de al menos 75 % de las especies existentes. La más reciente ocurrió hace aproximadamente 66 millones de años y acabó con los dinosaurios, dando lugar al surgimiento de los mamíferos, entre ellos los humanos.

No se ha evolucionado lo suficiente como para evitar extinguirnos a nosotros mismos. En varias ocasiones se ha fallado, pero ahora parece estar haciéndolo muy bien.

Hace poco más de 100 años, en 1908, se presentó en la comunidad de Tunguska, Rusia, un fenómeno llamado así: fenómeno Tunguska. La hipótesis más plausible es que un asteroide chocó en ese lugar con un impacto equivalente al que pudo tener una bomba nuclear.

En esa época todavía no existía tal tecnología, pero se estaba cerca, faltaban menos de 40 años para tener la bomba atómica. Tampoco se vivía el contexto de la Guerra Fría, había una distancia de poco más de 40 años.

En términos de la vida del planeta, cuarenta o cincuenta años no es nada. De haber ocurrido cuarenta años más tarde, el fenómeno descrito se pudo interpretar como un ataque hacia la Rusia socialista, con consecuencias potencialmente desastrosas. Pero no ocurrió así y el asteroide no fue razón para la aniquilación de la vida humana.

Pero no se deja de intentarlo. El mundo actual vive conflictos que ya nos ubican en un contexto cercano al de un conflicto global. Tal vez dentro de veinte o treinta años los libros de Historia mencionen esta década como la de la tercera guerra mundial.

Lo peor es cada parte del conflicto está convencida de que ellos son los buenos y los demás son los malos. En no pocas ocasiones hay que convencer al otro de la bondad propia con métodos violentos. A tal paradoja hemos llegado. Este es otro intento de autoaniquilación.

La más grave, sin embargo, es la climática. Día tras día se alimentan. Sin darnos cuenta. Con cada residuo no reciclable o compostable que se tira. Al desperdiciar agua y alimentos, al comprar artículos que no se necesitan, al desperdiciar energía en hogares y trabajo y un largo etcétera, se está fomentando el cambio climático.

La propia negación del fenómeno lo alimenta. Así es que este intento por extinguirnos parece ser el que avanza a pasos más firmes y sólidos. Lo estamos haciendo muy bien.

El verano amenaza con ser muy caluroso. Si así es, los golpes de calor estarán a la orden del día en el planeta entero. Los más débiles serán los primeros en sentirlo y en caer, en el mejor de los casos, desmayado por golpes de calor, en el peor, muertos por la misma razón.

Esto ya ha ocurrido en los veranos recientes, pero el número no ha sido tan grande como para llamar la atención mundial. Probablemente cuando los caídos por el calor se cuenten por cientos de miles o millones se hará algo.

Hay mucho que se puede hacer, pero no se está haciendo, al menos no a la velocidad que se requiere. El próximo verano podría ser un momento que llame la atención. Al tiempo.