El chupón digital 2.0

El chupón digital 2.0

Existe una escena que se repite todos los días en miles de hogares y restaurantes: una familia comparte la mesa, las personas adultas conversan y, mientras tanto, una niña o un niño permanece centrado en la pantalla de un celular o una tablet.

Incluso los dispositivos suelen tener fundas coloridas, y hasta diseñadas para captar y retener su atención. Es, en apariencia, una solución sencilla: entregar un dispositivo para mantener el entretenimiento; sin embargo, detrás de esa aparente tranquilidad se esconde una realidad preocupante: se está viviendo en la era del “chupón digital”.

De acuerdo con Unicef, uno de los principales riesgos de la exposición excesiva a las pantallas es que desplaza actividades esenciales para el desarrollo infantil, como el juego libre, la exploración del entorno y la interacción con otras personas.

Cuando esto ocurre, se ven afectados procesos del desarrollo cognitivo, emocional y social de la niñez, lo que puede traer graves consecuencias.

En primer lugar, la exposición prolongada a contenidos digitales puede alterar la sinapsis, lo que genera dificultades para concentrarse en actividades como leer, estudiar o relacionarse con otras personas.

En segundo lugar, los sistemas de recompensas inmediatas presentes en videojuegos y aplicaciones pueden fomentar una baja tolerancia a la espera y mayores dificultades para manejar la frustración.

En tercer lugar, el uso excesivo de pantallas se ha asociado con sentimientos de soledad, estrés y depresión, además de incrementar la exposición a contenidos inadecuados para la edad y a dinámicas de presión social en entornos digitales.

A estos riesgos se suma uno todavía más grave: la posibilidad de convertirse en víctimas de violencia o delitos cometidos a través de Internet.

Unicef estima que alrededor de 1.6 millones de adolescentes en México han sufrido algún tipo de violencia facilitada por tecnologías digitales, con consecuencias psicológicas, emocionales y sociales que pueden acompañarles durante años.

En esa línea, Unicef ha propuesto 10 principios para poner la inteligencia artificial al servicio de las infancias: establecer marcos regulatorios adecuados; garantizar la seguridad de niñas y niños; proteger su privacidad y sus datos personales; prevenir la discriminación; fortalecer la transparencia y la rendición de cuentas; respetar los derechos humanos; priorizar el interés superior de la niñez; promover la inclusión; desarrollar capacidades para comprender y utilizar estas tecnologías; y construir ecosistemas digitales centrados en el bienestar infantil.

La situación no me es ajena, a pesar de que al interior de muchas familias buscan la realización de actividades físicas, así como juegos de mesa, como el ajedrez; y aunque muchas veces las pantallas terminan por vencer al alfil, el primer paso para erradicar el chupón digital implica el autorreconocimiento.

Es un hecho que las niñas y niños crecerán rodeados de tecnología; la verdadera responsabilidad consiste en garantizar que cada avance tecnológico sirva para protegerles, educarles y empoderarles, y no para poner en riesgo su desarrollo. El futuro será digital; lo que aún está en las manos es decidir si también será seguro, humano y digno para las infancias.