El reiterado uso del gas lacrimógeno en la ola de protesta social que vive Venezuela podría dañar más a los elementos de seguridad que a los manifestantes, pues son escasas las medidas de protección.
Y más aún, el uso reiterado de esa arma química no letal ha hecho que los expertos estudien sus efectos en la salud que antes no había ocurrido de manera tan continua.
Mientras un manifestante puede recurrir a internet y encontrar varias formas de protegerse, un policía debe ajustarse al equipo de seguridad que se le proporcione, y que muchas veces no llega a todos los contingentes.
Además se debe de considerar que el efecto de esta arma química no letal es acumulativo y persiste hasta por cinco días, mientras que no todos los manifestantes se encuentren bajo ese tipo de exposición.
Venezuela vive ya varios meses de protestas que enfrentan a la oposición aglutinada en particular en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) con el gobierno del presidente Nicolás Maduro, que asumió el 19 de abril de 2013.
Varios sectores caraqueños son escenarios prácticamente cotidianos de enfrentamientos de baja intensidad entre habitantes de colonias y las fuerzas de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB).
La noche del jueves, por ejemplo, los reportes de enfrentamientos correspondieron a Petare, en el estado Miranda, conurbado con Caracas.
De acuerdo a reportes de la prensa de Caracas, una tanqueta de la GNB fue la encargada de hacer retroceder a los manifestantes, en una acción que incluyó el uso de gas lacrimógeno.
Mónica Kräuter, química y profesora del Departamento de Procesos y Sistemas de la Universidad Simón Bolívar, advierte que las consecuencias de estos gases se ven a largo y mediano plazos en pulmones, corazón e hígado.
Sin olvidar que sus compuestos son cancerígenos, mutagénicos, afectan el ADN de las personas que han estado en contacto y también a los fetos.
La gravedad de los efectos ha hecho que la química elaborara un vídeo de 53 segundos de duración dirigido a las fuerzas policiales y militares venezolanas, en el cual les advierte el peligro.
Les pregunta en la toma de cierre: “A quién defiendes?”.
La académica también se ha puesto delante de los piquetes de seguridad para explicar a los elementos de seguridad el riesgo a que están expuestos.
“Es un asunto de seguridad pública”, dice en entrevista al diario caraqueño La Razón.
“Dicen que sus superiores les comunican que eso (los gases) no se vence o que se pueden usar hasta 25 años después de vencidas, que no son tan tóxicas. Yo intento explicar que si no fuesen tan tóxicas no les dieran mascarillas de cara completa para usarlas”.
Riesgo
Recuerda que el riesgo es tan real que existe la obligación internacional de comprar equipamiento de seguridad para el personal que utiliza este tipo de armas químicas no letales, pues se entiende el peligro que se corre al manipularlas.
Y alerta sobre otra situación: los policías que se enfrentan a los manifestantes y en consecuencia entran en contacto directo con el gas lacrimógeno no reciben atención médica.
“Además de que no a todos los entrenan como debe ser, no a todos los informan correctamente y no les dan las mascarillas por igual, no se ha visto asistencia médica inmediata en el entorno de ellos”, subraya.











